Entradas

Diálogo con un muerto

Imagen
 –¡Ey, Jack! ¿Cómo estás? –Bien, bien. Tirando, como siempre. ¿Y tú qué tal?  –Pues igual que siempre. Jo, tío, hace un año que no nos vemos, ¿no? –Por ahí, como no te dignas a visitarme hasta que no llega el cambio de hora en la cumbre del frío... –... Tú antes no eras tan literario, eh. Algo te ha pasado. Venga... dime la verdad, ¿te has enamorado? –¿Yo? Qué pereza. Y tampoco hay mucho donde elegir. –Ey, no te quejes, que tú no tienes que llevar la mascarilla esta. Me tiene frito.  –Bueno, pero eso es porque tienes mala suerte tú. Si estuviera por allí, sí tendría que llevarla. Es lo malo de vivir, supongo. –Ya ya, ya me estás echando la culpa, ¿no? –En absoluto. ¡No habrás tenido oportunidades de venirte conmigo! Pero como te preocupa tanto la niña esa... –Nah, cortamos.  –¿Y eso? No me sorprende, la verdad. –Le gustaba mucho ir a la playa. Yo solo quiero silencio, tranquilidad y calma. Es decir, ir a mi casa en la Sierra. –Buuuf, dile a una mujer que rechace ir a la playa por ir en

Exuberantes

Imagen
Exuberantes son las flores muertas. Encerradas en su pasado, en la pisada que las convirtió en cadáveres ante los fríos ojos que las desterraron al infierno. Sus pétalos están caídos sobre un suelo pétreo y frio como el desprecio humano. Pétalos de cálidos colores aún tibios que lloran lejos de su raíz, torcida y rota, ya sin vida. Sus hojas van perdiendo el color. De un verde luminoso a un claro y blanco cristal yacente. La muerte ha surgido de repente, como vino la vida.  Y mientras las flores caen en el olvido, el destino se cierne sobre ese niño distante que rompió una vida por simple diversión. Ese niño que aplastó a una flor estaba a punto de perder la suya, estaba apunto de morir.  Aquel niño que ahora corría por el jardín quitando miles de vidas de colores iba a morir de forma ruda y violenta.  Poco después de acabar de jugar se dirigió contento e ingenuo hacia su casa. Torció la esquina y pasó por medio de la calle mientras unos ojos lo observaban desde el otro lado. Unos ojos

El Reino del Silencio

Imagen
No hay nada, solo aire. Respirable, pero transparente. Se puede acariciar con los dedos y se nota en ellos la seda del viento.  No hay nada, solo luz. El sol calienta con sus rayos de inmenso poder el paisaje de la vida. La tierra es sombra del cielo. Y el cielo, del alma. Del alma del mundo, inexpugnable y fría como el calor que asciende del centro del globo.  No hay nada, solo niebla. Blanco horizonte de nubes ardientes, de esponjas de agua que flotan, eternas como las flores de colores que pueblan el suelo. No hay nada, solo polvo. Suspiros violetas que convierten el paso del tiempo en algo plácido y nublado. El calor no existe. Las piedras están heladas como la tradición de la muerte. No hay nada, solo lluvia; fina y sola en el sombrío agujero del acantilado sin fondo. Allí abajo, a lo lejos, las olas rompen y salpican protestando contra su naturaleza. No hay nada, solo ruido; el ruido de los tallos al crecer, de las hojas al prender de verde su pequeño espacio, de los pétalos al c

Contemplación

Imagen
Exquisitas las vistas que tiene uno ante sí y por sí mismo. Asomarse en su interior al vacío, ver y no ver lo que hay y lo que no hay porque existe solo en sí y a la vez no existe. Los cubículos en los que uno vive son solo pasajeros. Cambian con el tiempo y aprisionan solo en algunos casos, cuando se convierten en las únicas dunas que los iris, como estrellas de calor celestiales, visualizan durante un tiempo, eterno para el ser, escaso ante la verdad temporal. Días y noches imaginarios que se vuelven contra él, que se revuelven en sus pensamientos como cárcel obligada cuando uno solo es lo que era, nada nuevo y sin embargo ya es malo para la libertad.  Afortunadamente tiene una escapatoria, la vista hacia el cielo que atraviesa el único ventanuco de su celda. El mundo sigue, los pájaros aún cantan y vuelan entre el paseo del sueño del cielo, con las corrientes de aire y el fluir sano, libre y natural del tiempo. Uno puede salir a la terraza si la tiene: vislumbrar en lo que antes era

Trazos

Imagen
Los elementos se ven, están dispuestos en el aire de forma distante, acromática, extraña. Las líneas bailan rectas, curvas y rotas sobre el lienzo, sobre el cielo, sobre la vida. Los vértices buscan la simetría de su existencia, acorde con las aristas de su naturaleza, que conocen, respetan y cumplen. Los colores caen, vuelan, se entrelazan y evolucionan a matices inexistentes, irreconocibles y sorprendentes. Una comunidad extravagante de luces oscuras y claras, de variantes increíbles e instantáneas. Son trazos varios, jadeantes por la búsqueda de la creación, de lo irreal. Nacen de su imaginación en busca de la creatividad oceánica, anisada en dulces blancos y cerezada de rubíes. Los azules son variopintos. Recrean lluvia y ceniza en la sombra de los lagos, en el reflejo de los cielos alternos entornados sobre la puerta. Los colores cálidos y alegres representan a las hadas, señoras del lápiz, del pincel y de la orden de borrar del folio lo que no les agrade, lo que desentone con la

Visión fúnebre

Imagen
La vida en la noche vuela                                                                      Hacia el noctámbulo cielo                                                                                                                                       Esparcidos los rasgos de la soledad                                                                                                                                                                      por                                                                                                                                                             un mísero deseo                                                                      En el estercolero hambriento De estrellas rojas que parecen de sangre que alegran a la muerte                                                       Cuando                                                                            por                                                                 

#TodoEmpiezaEnUnaLibrería

Imagen
La vida del libro, su origen en nuestro recuerdo y en las sonrisas que lloran de las eternas páginas que pueblan el universo literario nacen de las librerías. Muchos dicen que son órganos del cuerpo y del pensamiento, sin saber que realmente son el corazón y la mente de las almas que alimentan. Las librerías dan vida al libro, pero también a los lectores. Muchos de ellos son lo que son porque es difícil dejar de ser, pero gracias a los libros, a su olor a nuevo, a los mágicos y originales marcapáginas, a las recias solapas y a la promesa de descubrir innumerables dimensiones ficticias, son seres únicos, llenos de creencias, de vidas ajenas y de miradas aterciopeladas por el rumor de los capítulos sin fin.  Las librerías hacen magia. Las librerías son magia. Cada hechizo es un libro y cada uno de ellos es una ilusión, una alegría, una intriga, una risa, un... un tornado de emociones, sueños e imágenes. Las librerías son lugares especiales, mágicos y culturales.  #TodoEmpi