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Mostrando las entradas etiquetadas como Oscuridad

Microscuridad

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La luna está cerrada como cuando me despertaba en noches de nubes y sombras. La luna sigue cerrada por la luz del sol por el día y durante los eternos amaneceres. A  veces se vislumbran sus límites tras el velo superficial y profundo del atardecer, cromas cálidos y fuertes entrelazados de fríos hastíos y esqueléticos luceros nocturnos.  La luna está cerrada bajo las cortinas fantasmales de plata, bajo mis párpados calientes y mi corazón de hielo palpitante. 

En penumbra

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La silla se mece sola en este ángulo de la habitación. Me sostiene sobre su ancha explanada de madera, roída por los años que ella ha pasado sola, ajena a nosotros, a los que fuimos y a los que nunca seremos. Se mece sola guiada por su ser. Ahora que la veo sin verla descubro los arañazos y los cortes que nadie le ha hecho, pero que ella siente en su interior y que no le impiden seguir meciéndose sola, me halle o no en su presencia. Se mece sola por el viento que no entra en la habitación, aunque se oye desde dentro y desde fuera, en el seno del torbellino que corre libre y fantasmal por la oscuridad helada.  Sigo sentada en la silla, meciéndome al ligero compás de sus extremidades. No tengo que hacer ningún esfuerzo porque conmigo o sin mí ella sigue meciéndose. Se mueve al mismo ritmo que el péndulo entelado de la pared contigua por el lado derecho. Se mueve y se mueve ese péndulo entelado de casas de arañas, aunque la vida que le rodea no se lo permita, porque el tiempo no para ...

Constancia

Se trata de lo que era: una sinestesia; oía lo que gritaba en silencio y veía lo que no existía soñando con ello en una caricia visual. En fin, exacto, olores ajenos a la nada, al extinto crepúsculo de luz que nunca rocé. Quién soy, me pregunté esta mañana ante la oscuridad de una habitación cuya penumbra es solo la sombra de un alma asomada por la ventana. Cuando no hay luz ni vemos, pero sabemos lo que hay. O eso creemos. Quién nos dice lo que hay. El recuerdo de una noche de verano no es recuerdo, sino concepto idealizado de una visión alterada por el deseo, la ilusión y la irrealidad personificada.  Qué hay escrito en el techo que flota sobre mí cuando los ojos abro al final de la noche. No hay nada. O yo no lo veo, pero sí lo hay. O yo imagino que lo hay sin percibir nada más que lo que no veo por no ser capaz de ver porque mi naturaleza me lo impide. Qué seríamos nosotros si fuéramos todo. Ahora podemos ser todo para nosotros mismos, para alguien o nada para todos. Qué todos,...

Nívea velada

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El paisaje era oscuro, como tantos otros, a la luz de la luna, ya extraña para mí. Venían sonidos dispares de risas que ensordecían lejanas mi silencio. El césped estaba mojado, lleno de pequeñas luciérnagas de agua que pulían su rostro y mis manos al tocarlas. Me estremecía al sentir el agua fría mojando mis dedos, cubriendo de soledad mi alma. No tenía frío y sin embargo, mis manos se volvían de un color violáceo por el frío que yo no sentía. Mientras más acariciaba la hierba, menos oía los jolgorios humanos que se escondían tras los arbustos. Pero más escuchaba los latidos de mi corazón, estrechos pulsos de hielo recorriendo mi cuerpo, haciéndome cosquillas con sus hojas níveas de nieve escarchada.   Mis ojos, luceros oscuros sobre el horizonte de la noche, entregados al rocío que embadurnaba mis manos, contentos de oír algo de mci, perfectos, buscando la vida entras de sí misma, queriendo encontrar –sin éxito– las interminables formas que se esconden en la durmiente oscur...