Griseus
Abril. Una mañana gélida que saluda al día, a la ausencia del sol. Toco la ventana: está fría. No tanto como por fuera, pero sí se refleja la temperatura en su propia transparencia. Observo el paisaje: gris. Solo gris. Los colores se han ido, quizá, hasta la tarde. Los árboles son verdes, verdes grisáceos. Los edificios están tristes y a la vez alegres y cantan y bailan al sol del rítmico caer de la fina cascada. Lluvia, sí, lágrimas de felicidad al viento norte burgalés que tiñen de espejos las figuras de humana construcción y fácil distribución. Se van formando pequeños lagos y lagunas a lo largo de las grises aceras. Se ve así cuántas praderas y valles no siempre en perfecto equilibrio cubren la tierra y protegen nuestros vértigos al vacío. Sales a la calle y escuchas el murmullo del aire enlazándose en pequeñas ligaduras covalentes con la lluvia. Amor y naturaleza química. Miras al cielo y te ves reflejado. No como eres ahora, sino como has sido o quieres ser, en una ...