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Juegos de niños

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 «Hola, buenas. ¿Qué desea?» Cuántas veces habremos oído y dicho este enunciado. Cuando éramos pequeños, entre los múltiples juegos posibles e imaginables para un niño, existía el trabajo. Jugar a trabajar en una frutería, en un restaurante o en una cocina. Era un juego grupal en el que uno era el dependiente y los otros, los clientes.  Imagen de El Corte Inglés Sin embargo, algo que llamaba la atención entonces y ahora –mucho más– es ese trato de cortesía de tratar al cliente de usted. Algo que para los niños es fundamental cuando se dirigen a alguien desconocido –y/o mayor–, siempre y cuando no sean demasiado tímidos, que sorprende tanto a los adultos. Hoy en día, en muchos locales, cuando vamos de clientes no nos tratan de usted, ni nosotros a los dependientes. No siempre, claro. Quizá porque ese trato de cortesía, de distancia con el desconocido que va a pagarte, ya no se lleva. Los jóvenes de hoy en día tampoco se atreven a dirigirse a un camarero o a un vendedor tratándo...

¡No puede ser!

La expresión n o puede ser ha modificado su uso a lo largo del tiempo y, por tanto, en muchos casos, su significado. Actualmente se utiliza normalmente entre signos de exclamación y con un sentido de incredulidad, de imposibilidad. Podemos verlo, en este ejemplo: «– ¡Raúl y Marta se han casado! –¡Qué dices! ¡No puede ser! ¡No me lo creo! ¡Y no nos han dicho nada!».      Sin embargo, no hace mucho tiempo esta expresión no tenía ese matiz exclamativo y se utilizaba en contextos más formales: «–Mamá, me gusta Juanito.  –Quién, ¿el hijo de la portera? –Sí, mamá. Ya sé que no tiene trabajo ni mucho dinero, pero… –Lo siento, hija, pero no puede ser ».      En este caso, t enemos una situación en la que algo  no puede ser  porque hay diferencias económicas, de clase o bien por ideología. Se trata de un uso que prácticamente se ha perdido, puesto que en la actualidad ya no se crean este tipo de diferencias, tan habituales hace ...

¿Día del Amor o de la Amora?

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14 de febrero, tópico anual del amor. Se celebra, ya sea con una fiesta íntima o con indiferencia, sombra y soledad. Es un día como otro cualquiera, como el que le precede y el que le sucede. Sin embargo para mucha gente es indispensable y para el resto, una farsa. Curioso. No hay término medio.  Pensaba que tal vez el artículo del blog de esta semana que, como suele suceder, publico los viernes, podría hablar del amor. Una posible opción era escribir un maravilloso texto literario sobre ello –empalagoso o no– o, lo que he decidido al final, una artículo de opinión de carácter lingüístico. Les explico.  El otro día caminaba tranquilamente por la calle cuando escuché una sinsorgada importante –para mi gusto– que estaba siendo defendida con uñas y dientes y casi con teorías lingüísticas –inventadas, por supuesto– por parte de una chica. Le decía a su amigo: «No es el Día del Amor. Es el Día de la Amora», a lo que, evidentemente, su compañero, con cara de póker, le preg...