Legado de hielo
Cuando los ojos duermen y las mentes visitan reinos de luz o de oscura templanza, se levantan los viles con espadas en mano y susurran al viento como ángeles en la tierra. Comienza la andanza, la exploración de lo inhumano, del interior no imaginado, de la abrumadora consciencia vulnerable. Duermen los ojos y los corazones se aceleran. Guerras, amores y felicidad son ingredientes de las noches. Algunas son templadas y los ojos no son provocados a la locura al abrirse de madrugada. Pero otras son frías o demasiado calientes y en y ante sí dejan efímeros recuerdos de un destino dimensional, ajeno, de espacios inconexos, de posibilidades impresas en leyes no escritas. Las almas vuelan o conversan airadamente en universos de almas o de creencia en ellas, queridas, amadas, odiadas o solas protagonistas de un rato de diversión. Y mientras todo esto es, en cualquier parte y en todas a la vez, la escarcha se deja caer en una niebla de cristal, espejo de todas las cosas sobre ...