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Mostrando las entradas etiquetadas como Narrativa

Primavera y Tiempo

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Ya hemos pasado el bello puente entre los últimos días de marzo y el primero de abril. Llegamos a la primavera con ilusiones renovadas, abrazos, besos, corazones ardiendo al viento, al viento helado de los primeros días que abril ha dejado en nuestra ciudad de Burgos, donde despertarse y mirar por la ventana supone una ondulación de las cejas, una apertura excelsa de las pestañas y el engrandecer de los iris, estupefactos por la fina capa de nieve que nos deja un cielo ya preparado para reflejar el ardor del sol en las flores eternas que dibujan y colorean los atardeceres cálidos, y modifican el movimiento y la actividad de los innumerables insectos que se disponen a emprender la tarea de la polinización, una vez más, un año más.  La primavera entra por las rejillas de las persianas con rayos de luz, fuertes haces rectos de impresiones absolutas, que proporcionan sonrisas, saltos, risas; y que nos  acercan al verano y a sus calores y a las aguas de los mares y a las sombrillas...

Microbelleza

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Sincero río de esperanza, como aleteo gracioso de ilusión que acongoja la ternura de terciopelo de unas alas de girasol de luna. Etéreos son los mantos de peces que cromatizan con sus colores los brillantes vértices del alma. 

Aciago

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Azules, grises y verdes se ven las líneas del viento. Acarician con su velo el eterno cristal gélido de la roca.  El paisaje está tranquilo y su plaza, solitaria. Ausencias extrañas que llenan todo lo vivo y pesado; ausencias ajenas que lloran todo lo muerto y ligero.  El horizonte se cubre de un trasparente telón de hiedra, reflejada entre la naturaleza del cielo. Flores como manto de lino y terciopelo. Alisan los obstáculos de las nubes y facilitan el roce de las estrellas en las sonoras olas de sus caracolas.  El murmullo de marfil enfría los párpados, pero calienta el iris que descansa en la oscuridad de un tierno abrazo pasajero.  El efímero valle de rocío frío se envuelve en la niebla eterna y solo deja ver siluetas blancas, como muebles tapados en una casa abandonada.  Azules, grises y verdes se ven las líneas del viento, aciago ser de calma y silencio.

Invierno

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La luz se filtra tenue y dulce entre las persianas. El frío exterior nubla de calidez mis pensamientos, que se ahogan en las aguas termales de las estrellas cristalinas de nieve. El paisaje es blanco. Yo no lo veo, pero las paredes de mi habitación amanecen con un tono de marfil puro, recuerdo presente instantáneo de los pasados y futuros de azabache.  Escucho. No se oye nada. Sigo escuchando. Mantengo mi respiración en una blanca a mitad de un pentagrama suspendido en el aire. Sí oigo. Quizá no es más que el ruido del silencio. O quizá es el callar del sonido.  Me levanto. Abro la persiana y después la ventana. Entra una brisa helada, que calienta mi cuerpo. Las cortinas envuelven mis brazos y acarician mi pelo junto al viento tranquilo que acude a mí desde el exterior. Me siento feliz al vislumbrar mis iris grisáceos reflejando la imagen que se presenta ante mí.  Lo vuelvo a oír. De nuevo ese ruido entre la calma. No veo nada, sin embargo. Espera, sí. Ahí, cerca del árb...

Sueños

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Cabalgar a lomos de un corcel por un río sin límites, donde los peces son de color arcoíris y sus aletas transparentes, más grandes que su cuerpo, cabeza y existencia. Un chorro de agua inmensa que atraviesa las miradas monocromáticas, dibujando en ellas retazos de recuerdos sin número. Onduladas ramas de espuma que vienen y van en blancos, grises, azules, rojos y verdes, colores que se transforman en aquellos que componen su familia o incluso en contrarios. Es un río lo que veo, es agua lo que corre en él, pero ambos construyen un espejo en el que se reflejan los cabellos del cielo y las trenzas de mi pelo al aire y al viento salvaje.  Bosques increíbles repletos de animales y seres conocidos e inverosímiles. Describen extrañas visiones, extravagantes acontecimientos entre la luna y el sol, sobre las crines de las estrellas, que iluminan el horizonte y reflejan en sus pétalos la luz del fondo del río. Encienden los luceros que se esconden bajo el mar y apagan los miedos y las supe...

Tu hechizo

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Ilusiones y emociones se van contigo.  Plácidos momentos de luz y vida.  Reflejos de cristal veo entre tus ojos y mi alma.  Corazones rojos, blancos y rosáceos envuelven mi cariño como  rosas felices sin espinas.  Entre las hadas y el viento  amanecen los susurros de las nubes, esparciendo estrellas por los oscuros recovecos del silencio.  Ni blancos ni grises ni negros impulsos en el atardecer de tus ojos. Ninguno de ellos volarán hacia el infinito como lo hacen mis párpados al recordar las innumerables mañanas que pasaron y que quedan en el futuro, en las que ambos nos despertaremos entrelazando sonrisas y sueños. Juntos y nada más que unidos por nuestras almas y emociones, perviviremos entre los círculos del poder de los cielos y el increíble poder de la tierra.  La naturaleza nos bendice renaciendo de cada rincón de los lagos, despertada por el poder y la fuerza de tu hechizo.  El mar se eleva surgen de él las alas, de los instantes ...

Viento

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El viento zarandea sus cabellos ondulados, ajenos al resto de su cuerpo. Son azulados en el reflejo de los mares, de marfil al cristalizarse en los cielos y finamente rubios al girarse entre el juego y las risas. Una melena larga comprendida por fuertes hilos de vida y de alegría, de poderosa juventud y de perfecta armonía.  El viento acaricia sus labios, de tonalidades varias según el iris de los ojos que observen y de las luces mágicas. Rosados en su joven apariencia a mediodía, rosáceos claros al amanecer, junto a la claridad de los sueños que aún perduran; de un granate casi violeta al anochecer, al acostarse el sol sobre los infinitos muros entre el cielo y la tierra, momento en el que la luna, bella dama de plateados filos esquivos atrae miradas, desconciertos, consuelos y martirios. Pero a esos labios los ama y los seduce durante horas y horas en la infinidad desnuda de la oscuridad de plata.  El viento adora a esos ojos que solo miran al final de los tiempos, iris astu...

Una Mattina

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Mirar hacia el mar, hacia un infinito sin nombre y sin fondo. Descansar los ojos en un horizonte pintado con la regla del sol y las ramas de un oleaje que se cierne invisible sobre la tranquilidad del alma.  Una brisa cristalina que nubla y cae repleta de agua en polvo sobre mis párpados, ahora cerrados, en calma con el mar, en calma con la arena que me sirve de lecho en un paisaje de fotografía. Lunas y soles dibujan en el cielo pinturas esféricas de sueños bañados en la espuma de mis ojos.  A un lado y a otro, grandes hojas de múltiples verdes cromáticos pueblan de colores exóticos los pálpitos de un corazón extraño, lleno de color, viento y pausa.  Estoy suspendida en la nada de un sueño, en la realidad concisa del planeta que me vio nacer. Soy una imagen, un cuadro, un instante en una vida que pasará, que es, pero que no será cuando deje de ser.  Sigo sintiendo y viendo con mis ojos cerrados y oscuros esa línea que corta el mar para hacerlo cielo y que limita el ...

Hadas

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    Las alas de una y otra se superponen en trenzas transparentes de purpurinas coloridas y resplandores cristalinos. Alas grandes de distintas formas que aletean alegres y rápidas sobre los paisajes naturales y los espejos de agua. Pintan con ellas la alegría del ser de los cielos y de los bríos del aire, que permanecen atentos y sorprendidos por tan libres movimientos de esos pequeños cuerpos que flotan como luceros del alba.      Sus cabellos estremecen los corazones de cuantos las ven. Parecen de princesas de otros tiempos, con diamantes y pequeñas piedras preciosas por su valor y su belleza. Cabellos de colorines que caen inciertos sobre sus hombros o que vuelan de un lado a otro como cuando ellas saltan de flor en flor y de rocío en rocío.      Cuerpos diminutos tejidos de dulces y flagrantes vestidos cromáticos. Esencias de olores y de pétalos. Reflejo del tiempo de las flores silvestres y de los animales que se topan con ellas, a las que s...

El olor a mar

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El olor a mar era lo que fue y nunca volverá a ser.  El olor a mar era distinto cuando hay diferente altura entre el pasado y el presente. En el pasado las piernas corrían y corrían por aquella explanada paralela al mar, se volvían nerviosas y alegres hacia atrás con el fin de ver las caras felices de sus familiares, que siempre seguían su propio ritmo por detrás de los pies de la niña.  El olor a mar era distinto cuando los placeres también lo eran, cuando la felicidad venía de una comida, de un favor, de un juguete o de un simple paseo corriendo por la calle e intentando asombrar y sorprender a esos padres o abuelos que te acompañaban en tu alegre e ínfimo capricho. El olor a mar era distinto cuando la inocencia primaba sobre los gestos y las palabras, cuando solo querías salir a la calle a inspirar profundamente la sal picante que inundaba el aire.  El olor a mar era distinto cuando eras tú la protagonista de ese baño en la playa, cuando todos te hacían caso y el mar t...

En penumbra

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La silla se mece sola en este ángulo de la habitación. Me sostiene sobre su ancha explanada de madera, roída por los años que ella ha pasado sola, ajena a nosotros, a los que fuimos y a los que nunca seremos. Se mece sola guiada por su ser. Ahora que la veo sin verla descubro los arañazos y los cortes que nadie le ha hecho, pero que ella siente en su interior y que no le impiden seguir meciéndose sola, me halle o no en su presencia. Se mece sola por el viento que no entra en la habitación, aunque se oye desde dentro y desde fuera, en el seno del torbellino que corre libre y fantasmal por la oscuridad helada.  Sigo sentada en la silla, meciéndome al ligero compás de sus extremidades. No tengo que hacer ningún esfuerzo porque conmigo o sin mí ella sigue meciéndose. Se mueve al mismo ritmo que el péndulo entelado de la pared contigua por el lado derecho. Se mueve y se mueve ese péndulo entelado de casas de arañas, aunque la vida que le rodea no se lo permita, porque el tiempo no para ...

Octubre

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Paisajes grises cargados de lluvia, de tormentas, de nubes infinitas en los inmensos recovecos del cielo. Son días de felicidad, de alegría, de esperanza, de vida. Son días... es un mes lleno de vuelos sin nombre, sin trazos, sin rumbo, dibujando sueños e ilusiones en el vacío lúgubre del viento. Es un tiempo en el que el tiempo se para, en el que las aves cantan sin cesar por el furor que sienten. El suelo deja de existir: se convierte en un eterno manto de colores rojizos, de hojas que bañan las ciudades y lagos y los disfrazan del fruto frío de las heladas que calientan el corazón de sonrisas. Es un tiempo plateado que nubla las pestañas y las inmoviliza entre futuros copos de aguas blancas.  Es un momento para respirar hondo y salir a la calle, a la naturaleza, a dejarse llevar con los brazos abiertos por las olas de la brisa del tiempo. Es el momento de contemplar las flores que van a seguir observando el mundo desde la perspectiva directa de su tallo sobre la tierra. Es momen...

En mi esfera propia

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Parecen dos rayas inexactas. Concéntricas la una a la otra. Perpendiculares. No las veo bien, a pesar de que parecen negras, pero irradian luz. No sé dónde estoy. O quizá sí. Yo lo deseé. Deseé estar aquí. No veo más que eso. Lo demás está demasiado claro. Me nubla la vista hasta dejarme los ojos transparentes, con un iris rubio, brillante, amplio y grande. Solo veo luz y dos rayas.  Ya no son dos rayas simples. Ahora son curvas. Y se mueven. No vacilan en su trayecto. Giran como si sostuviesen entre su fuertes brazos de negros trazos el mundo. Y es cierto. Algo rodean. Algo hay. No flotan porque sí. Veo un círculo. Una esfera que gira entre sus negros tallos. Qué es. Qué será. Es una esfera en movimiento.  Ahora lo veo mejor. Yo también giro. Sobre mí mismo. Sobre mi propio cuerpo y en él mismo. Tengo la cabeza más alta y miro al fin al frente. Y ahora veo. Veo la luz. O sea que no veo. Solo distingo. Distingo una esfera maciza de luz, de diamantes que cristalizan el paisaje ...

Hielos con chocolate

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         Observar la vida desde el fondo de un vaso medio vacío. Compuesto exclusivamente por tres hielos manchados de chocolate. Un vaso casi acabado, o en camino de llenarse, según cómo se mire. Verte reflejado, deformado, en esos hielos, que te han visto por un momento y en los que tú ves en su cristal algunos recuerdos. Instantes pasados. Un beso. Un abrazo. Una idea. Un proceso. Una flor. Una persona. Un lugar. Una vida. Muchas cosas para tres hielos aún fuertes, cuya vida es tan efímera como insignificante.     También ves en ellos reflejada una ilusión. Imágenes imaginadas. Sueños. Esperanzas. Un lugar. Un reflejo de ti mismo. Una acción que aún no ha sucedido. Una suerte que aún no ha llegado. Una persona que vuelve. Un atardecer distinto. Una nueva amistad. Una amenaza que no se ha cumplido. Una vida. Infinitas cosas que aún no han ocurrido, pero que descubres en tres hielos, cuya vida es tan efímera como insignificante.    Por ...

Entre los pasillos, la vida

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Ya no busco por buscar, sino por encontrar la calma a la que siempre he estado acostumbrado dentro de mí. Trabajo porque debo, porque está dentro de mí como saeta de un futuro incierto, ajeno a mí. Trabajar como remedio de la vida, para ti, para uno mismo, para no depende de nadie, más que de uno mismo, para poder ser independiente y dejarse arrastrar sin preocupaciones por la soledad, por esa alegría pura que ofrece la calma y la tranquilidad.  No busco nada, solo el silencio. Busco el silencio en un entorno ensordecedor,  en un pasillo largo e incierto donde hay más que palabras e imágenes: sombras y bruma, motores que transportan el viento hacia la pradera de sonrisas y miradas sosegadas como las que me ofrecía siempre mi madre cuando estaba viva, cuando caminábamos juntos y todo el mundo lo veía. Ahora también estamos juntos y vamos a todos aquellos lugares de siempre, pero ya nadie lo ve. Solo yo la veo a mi lado, solo yo la escucho, solo a mí me habla. Nadie más es testi...

Lunas de papel albal

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     Largas columnas de flores emergen desde la tierra para sumergirse en un hondo pasillo de oquedales transparentes sin fondo de algodón. Las luces del cielo se nutren de las burbujas de etéreos sueños señaladas por orden de las mentes nubladas y dormidas.       Burbujas de silicio, adecuadas con zafiros esmeraldas o onirificados en cruces estrelladas de ocho puntas con siete vértices a cada lado.       Burbujas amarillentas, corpóreas en humos de azufre plateado, con aliñe turquesa de los condimentos líquidos y gaseosos de los océanos del viento, alejados al fin del mundo terrenal, donde la tierra terrestre del terreno salpica las sendas de sedosas saetas rosadas en tenebrosos sonidos sentados en los senderos sensuales  de una vida violácea, vuelan por las lindas venas de una viola.      Burbujas oscuras, retadas por el sol a vivir en los ríos de la oscuridad, de la selva serena de los suspiros extraños. Almas...

Entre neutro y sepia

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    En la fotografía salían los cuerpos difuminados, alargados hasta el infinito, pequeños, de doble filo, sin espacios; sencillas motas de polvo incendiado en la nada, en un lugar de la habitación. Las ventanas, sin color, reflejaban sus tristes ojos, ajenos a nuestras almas, hinchados, pero hermosamente grisáceos. Era una imagen de alta calidad, hasta tal punto que se perfilaban, al fondo, en la pared última del recuerdo en papel, unas tímidas separaciones rectas, mullidas y espinosas: hilos de morfina, de esperanzas truncadas, de ilusiones mohínas. Finas arañas los tejían y aislaban de la cruda realidad del género neutro.       El sol, esfera eclipsada, clara y a veces oscura sobre la sombra de los epitafios dormidos que desdibuja las líneas rojas que dibujan tu cuerpo. Esfera enmarcada por un río blanco surtido de colores pálidos que todo lo abarca, que todo lo absorbe.       Níveos objetos bañados en ocre, extinguidas entes que...

Alegoría del sueño

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      Unos y otros andan en círculo sobre el vórtice de la esfera del tiempo. Árboles extraños y alternos que se desfiguran entre la mañana y la noche como diálogos de masas empedernidas. Esclarecedoras lágrimas de felicidad onírica entre las luces espectrales de la medianoche acristalada. Sombras y más sombras: monigotes etéreos de rosas amapoladas por brazos y piernas y amarillentos pétalos como sonrosadas mejillas en nubarrones de terciopelos cristalinos y pasionales cabellos dorados. Las almas envuelven de misterios las ilusiones de la mente humana.       Una descripción metafórica, como otra cualquiera, de la nube que nos envuelve cuando soñamos. Sueños extraños que pueden o no tener que ver con la verdad, con la realidad de los hechos, de las cosas, de la objetividad y de la subjetividad de nuestra fisiología mental y psicológica. Psicoanalizando el ambiente del hecho y de la praesentia o ausentia del mismo, que se da o no en fun...

Exuberantes

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Exuberantes son las flores muertas. Encerradas en su pasado, en la pisada que las convirtió en cadáveres ante los fríos ojos que las desterraron al infierno. Sus pétalos están caídos sobre un suelo pétreo y frio como el desprecio humano. Pétalos de cálidos colores aún tibios que lloran lejos de su raíz, torcida y rota, ya sin vida. Sus hojas van perdiendo el color. De un verde luminoso a un claro y blanco cristal yacente. La muerte ha surgido de repente, como vino la vida.  Y mientras las flores caen en el olvido, el destino se cierne sobre ese niño distante que rompió una vida por simple diversión. Ese niño que aplastó a una flor estaba a punto de perder la suya, estaba apunto de morir.  Aquel niño que ahora corría por el jardín quitando miles de vidas de colores iba a morir de forma ruda y violenta.  Poco después de acabar de jugar se dirigió contento e ingenuo hacia su casa. Torció la esquina y pasó por medio de la calle mientras unos ojos lo observaban desde el otro l...

El Reino del Silencio

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No hay nada, solo aire. Respirable, pero transparente. Se puede acariciar con los dedos y se nota en ellos la seda del viento.  No hay nada, solo luz. El sol calienta con sus rayos de inmenso poder el paisaje de la vida. La tierra es sombra del cielo. Y el cielo, del alma. Del alma del mundo, inexpugnable y fría como el calor que asciende del centro del globo.  No hay nada, solo niebla. Blanco horizonte de nubes ardientes, de esponjas de agua que flotan, eternas como las flores de colores que pueblan el suelo. No hay nada, solo polvo. Suspiros violetas que convierten el paso del tiempo en algo plácido y nublado. El calor no existe. Las piedras están heladas como la tradición de la muerte. No hay nada, solo lluvia; fina y sola en el sombrío agujero del acantilado sin fondo. Allí abajo, a lo lejos, las olas rompen y salpican protestando contra su naturaleza. No hay nada, solo ruido; el ruido de los tallos al crecer, de las hojas al prender de verde su pequeño espacio, de los pét...