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Mostrando las entradas etiquetadas como Noche

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Todas las noches se oye un golpecito. El suelo vibra. Mi mente se revuelve en sí misma. Piensa la causa, pero sabe que cualquier respuesta racional es causa y efecto de un suceso extraño. De una razón para no dormir.  Siempre hace sueño. Está vacía la espesura del pensamiento. Está triste y sola la niña que duerme en su interior. Que vive dormida en la sonoridad apabullante de la noche.  La casa está en un punto de la tierra, baúl de cadáveres envueltos de esperanzas. Tierra de miradas que ven por primera vez. Tierra de corazones que como luceros iluminan el mundo y que se apagan con él.  Aguas estancadas en desolaciones, en momentos pasados que duraron mucho, más de lo que quiso el tiempo. Aguas rotas y derramadas por los valles de carne que surgen de las cuencas de colores y que caen hacia un  vacío existencial, hacia el absurdo espacio y rebotan en el suelo, en la tierra.  Tierra de agua. Agua terrenal en la salvación divina.  Frío solar, ...

Nívea velada

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El paisaje era oscuro, como tantos otros, a la luz de la luna, ya extraña para mí. Venían sonidos dispares de risas que ensordecían lejanas mi silencio. El césped estaba mojado, lleno de pequeñas luciérnagas de agua que pulían su rostro y mis manos al tocarlas. Me estremecía al sentir el agua fría mojando mis dedos, cubriendo de soledad mi alma. No tenía frío y sin embargo, mis manos se volvían de un color violáceo por el frío que yo no sentía. Mientras más acariciaba la hierba, menos oía los jolgorios humanos que se escondían tras los arbustos. Pero más escuchaba los latidos de mi corazón, estrechos pulsos de hielo recorriendo mi cuerpo, haciéndome cosquillas con sus hojas níveas de nieve escarchada.   Mis ojos, luceros oscuros sobre el horizonte de la noche, entregados al rocío que embadurnaba mis manos, contentos de oír algo de mci, perfectos, buscando la vida entras de sí misma, queriendo encontrar –sin éxito– las interminables formas que se esconden en la durmiente oscur...

Actriz de la noche

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El viento sufría de la tenue luz del atardecer. Comenzaba a sentir un repentino escalofrío. Llegaba la noche. Las espigas que por el día parecían solo un arco curvo y flexible de futura vida resplandeciente, ahora llameaban furiosas moviéndose estrepitosamente, casi siendo arrancadas del suelo para lanzarse como saetas hacia el débil, pero cada vez más brillante sol que poco a poco se escondía entre el horizonte.  El paisaje se nublaba, se oscurecían sus colores antes claros, eléctricos y pasteles; colores que ahora lentamente están desapareciendo para juntar sus destinos en un nocturno y profundo negro que en flor se estaba transformando para vivir luminoso en la noche y morir en piedra convertido al ver los ojos del amanecer. El viento se detuvo. Todos los seres vivos que en la escena se reunían, quietos se quedaron, miraron al cielo y esperaron. La esférica dama, plateada cuando se refleja en el espejo de la superficie del lago, donde viven peces multicol...

Préstame tu dolor y mi corazón será tuyo

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Las nubes giran y se rozan hasta morir, hasta que un rayo de luz las atraviesa, hasta que la noche se cierne sobre ellas, hasta que la oscuridad las impide resurgir… Una vez que la tranquilidad las nubla y las estrellas las protegen, mis ojos, encendidos con la niebla, reparan en su presencia. Nubes, mudas y tristes precipitan sobre mí, cortejadas por mi mirada, alabadas por tu inocencia. Entonces, te veo sola entre los versos de este poema, impasible, con esos ojos de luciérnaga, con la duda en los labios, con el temblor de los suspiros del cielo. Las nubes pierden mi atención. ya solo queda ella… Única ante mis ojos, perfecta para mi mente, sus ojos se mueven, cambian repentinamente de dirección y me miran, y me observan, su mirada sigue impasible. Cualquier movimiento podría hacer que cambiara; y no quiero, niña preciosa. Ojalá no seas un espejismo de esta mente sola y desnuda. Vuelvo a mirar a las nubes y ya no están, han desaparecido. Quizá sea que yo...