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Mostrando las entradas etiquetadas como Colores

Sueños

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Cabalgar a lomos de un corcel por un río sin límites, donde los peces son de color arcoíris y sus aletas transparentes, más grandes que su cuerpo, cabeza y existencia. Un chorro de agua inmensa que atraviesa las miradas monocromáticas, dibujando en ellas retazos de recuerdos sin número. Onduladas ramas de espuma que vienen y van en blancos, grises, azules, rojos y verdes, colores que se transforman en aquellos que componen su familia o incluso en contrarios. Es un río lo que veo, es agua lo que corre en él, pero ambos construyen un espejo en el que se reflejan los cabellos del cielo y las trenzas de mi pelo al aire y al viento salvaje.  Bosques increíbles repletos de animales y seres conocidos e inverosímiles. Describen extrañas visiones, extravagantes acontecimientos entre la luna y el sol, sobre las crines de las estrellas, que iluminan el horizonte y reflejan en sus pétalos la luz del fondo del río. Encienden los luceros que se esconden bajo el mar y apagan los miedos y las supe...

Brumas violáceas

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   Paisajes tibios de color transparente. Enormes copas violetas dan sombra a otras más pequeñas, sujetas todas solo por un palillo de color negro claro que apenas se aprecia por encima de la acuarela. En el pensamiento, una mancha lila sobre el océano impoluto del papel. En la realidad, un paisaje vegetal en morados perfectamente encadenados.     No hay sol, pero la bruma difumina las flores y los grandes árboles que pueblan la intemperie. Tampoco hay luna. Solo bruma. Un pincel suave y nítido dibujando rayas traslúcidas sobre el espejo físico del alma. Se busca una nueva imagen, un nuevo dibujo, un color que dé personalidad a la imagen volátil. Se busca la inspiración, armónica mujer que aparece o desaparece según el transcurso de la función poética. La poesía del corazón incendiado en ganas de volver al pincel, de conquistar con el color el equilibrio de la sombra arrugada.     Después de hojas, pañuelos, aguas limpias y sucias y un montón de p...

Azul

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Por la vereda del infinito el río fluye, disperso, ajeno a la mirada de la niña que se deleita en su juventud a observar sus atentos movimientos. Va y viene como el aire, se comprime y extiende por el mundo, por los recuerdos de aquéllos que ya lo han admirado. También se distingue por ser especie de olvido y ansiedad de imaginación, de descubrirlo otra vez entrando y saliendo por los recovecos de la ciudad. Cuántas almas han vivido y caído en alguna de sus orillas. Cuántas lo han visto hundirse en las ilustres flores del nocturno abismo estrellado. Cuántas lo han visto despertarse coloreando la vida y derritiéndose en un dorado marfil al amanecer. En otros tiempos muchas fiestas, desfiles y bailes se hicieron en torno a sus aguas y por la vida que dejaba caer en forma de cascada, con el fin de bautizar a los que emanan de él.  El Danubio, imperio líquido de la música y del ser. 

El castillo de cera

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El cielo siempre estaba despejado. La luna formaba parte del día y de la noche, del sol y de las estrellas. Las nubes solían ser de colores claros y grandes. Muy grandes y esponjosas. De hecho, parecía que se las podía coger con la mano y aplastarlas. Acompañaban en el techo colorido a unas rayas sin rumbo, sin comienzo ni fin que se paseaban desdibujadas por todo su territorio. Eran de cualquier color vivo y cálido. Acompañaban en su ir y venir a los pájaros: seres extraños, distintos a los que conocemos. Algunos hablan y otros solo vuelan con un ala o con la cola o solo levitan en concentración absoluta dentro de una nube.   Bajo este contorno mágico hay un mundo. Un mundo a veces distante, otras veces ajeno al cielo que lo cubre. Sus seres miran hacia arriba y el arriba, hacia abajo. Se miran, se observan, se escrutan y vuelve cada uno a lo suyo, como si no estuvieran destinados a comunicarse.  En esta zona baja del mundo viven criaturas y criaturas, de todos los...

Griseus

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Abril. Una mañana gélida que saluda al día, a la ausencia del sol. Toco la ventana: está fría. No tanto como por fuera, pero sí se refleja la temperatura en su propia transparencia. Observo el paisaje: gris. Solo gris. Los colores se han ido, quizá, hasta la tarde. Los árboles son verdes, verdes grisáceos. Los edificios están tristes y a la vez alegres y cantan y bailan al sol del rítmico caer de la fina cascada. Lluvia, sí, lágrimas de felicidad al viento norte burgalés que tiñen de espejos las figuras de humana construcción y fácil distribución.  Se van formando pequeños lagos y lagunas a lo largo de las grises aceras. Se ve así cuántas praderas y valles no siempre en perfecto equilibrio cubren la tierra y protegen nuestros vértigos al vacío. Sales a la calle y escuchas el murmullo del aire enlazándose en pequeñas ligaduras covalentes con la lluvia. Amor y naturaleza química. Miras al cielo y te ves reflejado. No como eres ahora, sino como has sido o quieres ser, en una ...

Espacios de colores

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Entorpecidos ojos, hiel en las miradas más profundas de miel y sosiego. Un zafiro translúcido es cada uno de tus focos visibles, e invisibles. Con ellos no miras, observas. Ves en cada una de las redondeadas esquinas un vértice, un entramado plástico, extracto de grises tumultos de viento, de claro hielo esmeralda, sin vida. Tus dedos, yemas carentes de color, yemas sepia que intentas esconder entre las noches grises, entre los pálpitos de tu corazón, a veces negros, a veces blancos, tonalidades infinitas como los carretes de tu canon. Espejo es tu alma, nimia, envuelta de sentimientos de mora con una lazo pintado de la pasión nocturna que exprime tu mente al hacerse un zumo de naranja.  Sí, naranja es tu bolso. Con él sales casa, coges la vía verde y desciendes por el embudo yerto de losas y baldosas de extremada grandeza que recorren las sienes de tu ciudad, de todas las que envuelven el mundo de reflejos dispares de gafas de sol. El cielo siempre tiene el mismo color, p...

Ritmo Sostenido

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En esta entrada y en la siguiente, se publicarán los textos que he creado para la página web literaria Ritmo Sostenido que será eliminada próximamente. Así, los textos perdurarán en este blog.  Como escribí ocho textos relacionados con colores, cuatro serán publicados en esta misma entrada y, los otros cuatro, en otra distinta.  Rojiámbar ¿Nunca te has parado a pensar en cómo es el amanecer? En cómo se colorea el cielo cuando las nubes dejan pasar solo ráfagas de la estrella que las observa. Sí, esos pilares horizontales de mármol espumoso que se colorean de sol, ofreciéndonos distintos matices de color. A veces absorben ese sangriento matiz -y así lo vemos-: otras veces lo reflejan -y otro color absorbe y observamos-. La pintura cambia en ellas, y en nuestro iris. ¿Por qué tantas veces no somos capaces de pararnos a verlo? A disfrutarlo, a estremecernos con su llanto en días oscuros y a saltar de alegría cuando solo el oro se tercia y el cielo, co...