Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Soledad

Anochece... y Primavera

Anochece Anochece; las estrellas lucen; ella las observa desde su ventana, juega con la luz de la luna, con su reflejo en el espejo de su mesilla. La noche la consuela de su amor olvidado. Ella piensa en lo que pudo suceder, en lo que pudo soñar. Ni una sola nube: cielo negro, despejado y mudo. Ella va al tejado; recuerda otro cielo estrellado iluminado por su sonrisa, cuando aún era feliz; lo recuerda por última vez, antes de olvidarlo para siempre. Primavera ausente   Aquí me encuentro tumbada en la cama. Ásperas y terrosas paredes alrededor me observan mudas. ¿Dónde estoy, que hace frío?, ¿por qué estoy en una habitación estrecha y de madera? A mi lado hay una flor grisácea por el tiempo, que me permite tocarla y mirarla y llenar mis ojos de ternura, creerme primavera. Sin embargo me ha dicho que me acerque a olerla, lo he hecho y huele a muerte.

Serás mi pena, pero lloraré contigo

Imagen
- Hace sol. El rastro de la lluvia ha desaparecido. Ni siquiera se perciben las sombras de los viajantes desesperados. Ya no hay nada. Solo sol. Ilumina la Tierra y la hace crecer, secarse, como tantos enfermos y demasiados rincones del Todo.  ¿Todo? ¿A qué llamas todo? Eres demasiado insignificante. Me hace gracia que te dediques a vislumbrar el mundo por tus ojos, cuando no eres capaz de mirarte a ti y ver que eres el destrozo de lo que no has podido ser.  - Por eso prefiero mirar al sol. Te quedarás ciego. - Y qué. Vea o no con  los ojos, puedo ver. No debería hablar contigo. No, no deberías. Y sin embargo, ya ves, aquí estás perdiendo el tiempo. ¿Te acuerdas de cuando me queríais? - Te quería porque servías para algo. ¿Ya no te gusto? - No eres nadie.  Me haces realmente mucha gracia. Estás perdido y casi me echas a mí la culpa. Estás loco. - ¿Y qué si lo estoy? A mí me da igual cómo estés. De hecho, mejor si no estás. - ¿Qué vas  ha...

Latidos en Nochebuena

Imagen
Aquella noche de invierno me encontré sola, en el salón de mi casa, quieta, hipnotizada por el paso del tiempo, de las horas, de las historias, de los mismos momentos monótonos que año tras año se repiten sin parar. Me senté en el sofá. Observé la tele, apagada. No la iba a encender. Cuando la enciendes es para sentirte acompañada, para reírte, ver algo que te gusta o simplemente mirar lo que no te interesa, para no verlo y dejarlo pasar.  Era Nochebuena, una noche magnífica, familiar, alegre. O eso recordaba yo de aquellos años de felicidad inquieta, de brindis, de jaleo infantil al llegar los postres, de champán, de turrones, de pura fiesta, de sonrisas compartidas, enajenadas de los problemas individuales. Hoy no hay nada. En mi casa solo hay oscuridad y un leve lucero a punto de fundirse en la mesita de noche. En mi casa ya no hay nada, solo recuerdos. Eran las diez de la noche, hora de cenar, supongo. Puse un tenedor, un vaso de agua y un pequeño trozo de pan en la m...