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Mostrando las entradas etiquetadas como Opinión

Juegos de niños

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 «Hola, buenas. ¿Qué desea?» Cuántas veces habremos oído y dicho este enunciado. Cuando éramos pequeños, entre los múltiples juegos posibles e imaginables para un niño, existía el trabajo. Jugar a trabajar en una frutería, en un restaurante o en una cocina. Era un juego grupal en el que uno era el dependiente y los otros, los clientes.  Imagen de El Corte Inglés Sin embargo, algo que llamaba la atención entonces y ahora –mucho más– es ese trato de cortesía de tratar al cliente de usted. Algo que para los niños es fundamental cuando se dirigen a alguien desconocido –y/o mayor–, siempre y cuando no sean demasiado tímidos, que sorprende tanto a los adultos. Hoy en día, en muchos locales, cuando vamos de clientes no nos tratan de usted, ni nosotros a los dependientes. No siempre, claro. Quizá porque ese trato de cortesía, de distancia con el desconocido que va a pagarte, ya no se lleva. Los jóvenes de hoy en día tampoco se atreven a dirigirse a un camarero o a un vendedor tratándo...

Los jóvenes y el "sígueme y te sigo" en internet

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     No ha mucho tiempo, diez años quizá, que las redes sociales eran un mundo de esfuerzo por caer bien y gustar al otro, al infinito número de personas que están al otro lado de la pantalla, del número que crece o disminuye en los likes  o en los seguidores. ¿Una pérdida de tiempo? ¿Una estupidez? ¿Una falacia? ¿Cómo que escribir o subir imágenes para gustar y ser "famosos" o tener éxito en internet o ser  influencers? ¿De verdad merece la pena? La cosa es que antes, los jóvenes y adolescentes que utilizaban las redes sociales solían esforzarse por escribir tuits o posts para ser leídos y para conseguir seguidores –lo normal, según las instrucciones no escritas del funcionamiento de estas aplicaciones–. Subir información interesante, trabajada, bien escrita y de forma habitual para que los lectores, seguidores o amigos puedan retuittearla  o likearla  para hacernos aún más famosos en nuestra pequeña esfera de reconocimiento social. Así, conseguíamo...

Alegoría del sueño

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      Unos y otros andan en círculo sobre el vórtice de la esfera del tiempo. Árboles extraños y alternos que se desfiguran entre la mañana y la noche como diálogos de masas empedernidas. Esclarecedoras lágrimas de felicidad onírica entre las luces espectrales de la medianoche acristalada. Sombras y más sombras: monigotes etéreos de rosas amapoladas por brazos y piernas y amarillentos pétalos como sonrosadas mejillas en nubarrones de terciopelos cristalinos y pasionales cabellos dorados. Las almas envuelven de misterios las ilusiones de la mente humana.       Una descripción metafórica, como otra cualquiera, de la nube que nos envuelve cuando soñamos. Sueños extraños que pueden o no tener que ver con la verdad, con la realidad de los hechos, de las cosas, de la objetividad y de la subjetividad de nuestra fisiología mental y psicológica. Psicoanalizando el ambiente del hecho y de la praesentia o ausentia del mismo, que se da o no en fun...

Peldaños de un progreso temporal

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Parece que fue mucho más que ayer cuando salíamos a cenar con los amigos, acudíamos al teatro, quedábamos para ver una exposición, íbamos a relajarnos, a disfrutar, a comprar en alguna librería, etc. Momentos lejanos en los que la monotonía estaba de vacaciones y nosotros éramos individuos que vivíamos permanentemente atareados y ocupados en nuestros "imprescindibles" quehaceres. Una realidad que ya no existe. Una situación ancha y variada que ha pasado a sucederse en un estrecho, largo y oscuro túnel de un solo color. Un tubo que apenas nos deja movernos y que nos obliga a andar agachados, en fila india, distanciados, hacia una salida que aún no se ve clara. Últimamente se aprecian a los lados pequeños resquicios de luz que saben a libertad. Son trampas que nos dejan salir un momento –con todo tipo de precauciones– para regresar después al túnel, un espejismo de luz antes de volver a la monotonía estrecha a la que estamos obligados a adaptarnos. Obligados porque nos dijeron...

¿Día del Amor o de la Amora?

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14 de febrero, tópico anual del amor. Se celebra, ya sea con una fiesta íntima o con indiferencia, sombra y soledad. Es un día como otro cualquiera, como el que le precede y el que le sucede. Sin embargo para mucha gente es indispensable y para el resto, una farsa. Curioso. No hay término medio.  Pensaba que tal vez el artículo del blog de esta semana que, como suele suceder, publico los viernes, podría hablar del amor. Una posible opción era escribir un maravilloso texto literario sobre ello –empalagoso o no– o, lo que he decidido al final, una artículo de opinión de carácter lingüístico. Les explico.  El otro día caminaba tranquilamente por la calle cuando escuché una sinsorgada importante –para mi gusto– que estaba siendo defendida con uñas y dientes y casi con teorías lingüísticas –inventadas, por supuesto– por parte de una chica. Le decía a su amigo: «No es el Día del Amor. Es el Día de la Amora», a lo que, evidentemente, su compañero, con cara de póker, le preg...

Morir por una foto

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Un título casi literal, más que nada porque ha habido casos. Este artículo va a tener más pinta de crónica que de artículo  y mucho más que de texto literario propiamente dicho. Por una segunda vez, nos vamos a poner objetivos y críticos. ¿Os acordáis –o sabéis– de esos tiempos en los que una familia normal tenía alrededor de 25 fotos de toda su vida? Sí, de toda su vida desde la consecución de la familia. Ahora es fácil que cualquier persona tenga unas 100 fotos en dos minutos de su cara. Y encima estará poco conforme. Claro que ahora están los nuevos utensilios tecnológicos que uno puede llevarse a cualquier sitio. No era antes tan fácil ni barato revelar las fotos para ver el resultado. Nada de verla en el momento, eso es muy actual. Pues eso era un recuerdo para siempre, una alegría cada vez que volvían a ver. Se valoraba. La fotografía era un bien preciado, un arte, una necesidad de disponer físicamente de lo que ya se sabía, para verlo de vez en cuando, admirarlo y senti...

La mujer en el papel del personaje literario peculiar

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¿Te has dado cuenta? En muchas obras, sean poéticas, en prosa, teatrales o según convenga, a veces, encontramos personajes peculiares -que no raros-, extravagantes por cualquier razón -o desazón que provoquen- y cómo no, extraños a más no poder -que pueden-. Bien sea este personaje el protagonista o un simple y sencillo garabato con buena intención en su comienzo, pero mal acabado y, cuyas formas se entrelazan y flotan suspendidas en el aire en arquitectura del vacío. Y es verdad que los hay, Max Estrella en su (ex)céntrico y puntiagudo esperpento, el intrigante asesino o su acompañante de trama, aquel punki ,  en  Burgati de Jesús Toledano (escritor burgalés)  o cualquier otro. Están mal definidos, nadie sabe para qué están o cuál es su cometido. Sin embargo la novela en cuestión no puede acabar sin que se tenga en cuenta el papel y la información -raras veces detallada y concisa- que puedan aportar. Normalmente en clave. Normalmente ambigua. Casi nunca arbitraria....