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Mostrando las entradas etiquetadas como Pintura

Brumas violáceas

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   Paisajes tibios de color transparente. Enormes copas violetas dan sombra a otras más pequeñas, sujetas todas solo por un palillo de color negro claro que apenas se aprecia por encima de la acuarela. En el pensamiento, una mancha lila sobre el océano impoluto del papel. En la realidad, un paisaje vegetal en morados perfectamente encadenados.     No hay sol, pero la bruma difumina las flores y los grandes árboles que pueblan la intemperie. Tampoco hay luna. Solo bruma. Un pincel suave y nítido dibujando rayas traslúcidas sobre el espejo físico del alma. Se busca una nueva imagen, un nuevo dibujo, un color que dé personalidad a la imagen volátil. Se busca la inspiración, armónica mujer que aparece o desaparece según el transcurso de la función poética. La poesía del corazón incendiado en ganas de volver al pincel, de conquistar con el color el equilibrio de la sombra arrugada.     Después de hojas, pañuelos, aguas limpias y sucias y un montón de p...

Efectos de la naturaleza en el arte

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     Como sabemos, la belleza y el proceso vital de la naturaleza tienen como consecuencia importantes efectos en el arte. Hay muchos elementos naturales que se evidencian en la escultura, en la pintura o en la literatura. Y hay muchos otros productos artísticos que han sido consecuencia de efectos naturales, pero que a veces desconocemos. Hoy vamos a hablar de dos de ellos: las increíbles imágenes paisajísticas retratadas por el pintor británico William Turner y la obra literaria que supuso el comienzo de la literatura moderna: Frankenstein.       ¿Qué tienen en común ambos ejemplos artísticos? La época. Mary Shelley publicó su novela en 1818 y Turner presentó sus brillantes colores celestiales al mundo en torno a 1816. Pero, más que una fecha, ¿qué los une realmente? ¿Por qué podemos relacionar ambos hechos?      Tanto las causas que llevaron a Mary Shelley a escribir como las que animaron a William Turner a pintar tienen el...

Romanticismo: | Efectos |

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La violencia del mar por debajo del cielo, bóveda acristalada, inundada del fuego, de la parada del tiempo al expulsar de su corazón las vértebras de su montaña interior. Azules de terciopelo, violetas rubios, amarillos grisáceos, naranjas rojizos, granates dorados y allí, al fondo del horizonte infinito, una esfera, la esfera que gobierna, la que nos hace brillar. Ahora es una estrella con mayores reflejos aún. Está tintada de su alma, rodeada, matizada y delineada de un negro plomizo surgido de las entrañas del máximo cuerpo lejano.  Océano que se arrodilla ofreciendo su mano de espuma al cielo que sangra, cuyas nubes se evaporan en un tornado de fuego. Los hombres miran, deslizan sus miradas atemorizadas hacia el cielo. Intimida. Al final observan atentos los cambios del murmullo de lágrimas que reflejan su techo, mucho más lejano que los seres que se creen por encima de. Pero no. Nadie puede a la naturaleza, a su fuerza espectral, a sus quejidos, a sus lloros y a sus g...

Luminismo: | Planos de luz |

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En una misma dimensión se perciben dos planos de luz: el de la naturaleza y el de la humanidad. El primero se desborda de la realidad, de la dramática pulcritud del ser, del reflejo, del espejo salado que acristala una copia de los seres que se miran en él. Es un plano luminoso, serio, en permanente movimiento de claras curvas sobre la arena. Es azul, como el cielo despejado. Está nublado cuando el gris pondera el cielo en positivo. Es negro cuando las sombras tapan como una colcha a los sueños del día. Es, como todo lo que le rodea, una ilusión lumínica, exacta, real, verídica y verdadera, que encharca y envuelve la vida con su blanco y espumoso encaje.  El plano de la humanidad demuestra el rastro de una sonrisa y de una mirada ajenas al sabor vívido y profundo del paisaje de sal. La luz envuelve los rasgos, la tez y el busto de quienes rozan con su alma el océano policromado. El vestido es un lago, un cuadro limitado que esconde el secreto del mar. La luz renace en el l...

Impresionismo: | Paseo |

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Desde esta ventana miro ese nuevo espacio enmarañado de naturaleza. Es un nuevo mundo, un nuevo abismo verde. Está moteado de flores de colores, de lágrimas pigmentadas caídas de los rostros de las damas que por él pasean y se deslizan imperfectas. Sus trajes se rozan con la brisa del azul, con las saetas de rocío que se despliegan desde lo más hondo hasta el cielo inacabado.  Cuántas almas habrán transitado por su desenfadada realidad, ajena a la de los demás, ajenas todas a la lente que las observa.  Un tiempo de tranquilidad andando por el jardín, un aire cotidiano en un momento de paz y de gracia. Idea sencilla, liviana. Cómplices de la vida.  Una vista pura. Colores claros, visibles y en oscura contraposición en su silencioso espacio. Me gusta esta nueva vista. Me gusta su reflejo en el espejo de mi ventana. Santuario abandonado ante mis ojos, acompañado por dos damas que comparten mi tranquilidad, mis ojos y mi mirada durante un minuto...  durante ...