Latidos en Nochebuena
Aquella noche de invierno me encontré sola, en el salón de mi casa, quieta, hipnotizada por el paso del tiempo, de las horas, de las historias, de los mismos momentos monótonos que año tras año se repiten sin parar. Me senté en el sofá. Observé la tele, apagada. No la iba a encender. Cuando la enciendes es para sentirte acompañada, para reírte, ver algo que te gusta o simplemente mirar lo que no te interesa, para no verlo y dejarlo pasar. Era Nochebuena, una noche magnífica, familiar, alegre. O eso recordaba yo de aquellos años de felicidad inquieta, de brindis, de jaleo infantil al llegar los postres, de champán, de turrones, de pura fiesta, de sonrisas compartidas, enajenadas de los problemas individuales. Hoy no hay nada. En mi casa solo hay oscuridad y un leve lucero a punto de fundirse en la mesita de noche. En mi casa ya no hay nada, solo recuerdos. Eran las diez de la noche, hora de cenar, supongo. Puse un tenedor, un vaso de agua y un pequeño trozo de pan en la m...