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Los jóvenes y el "sígueme y te sigo" en internet

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     No ha mucho tiempo, diez años quizá, que las redes sociales eran un mundo de esfuerzo por caer bien y gustar al otro, al infinito número de personas que están al otro lado de la pantalla, del número que crece o disminuye en los likes  o en los seguidores. ¿Una pérdida de tiempo? ¿Una estupidez? ¿Una falacia? ¿Cómo que escribir o subir imágenes para gustar y ser "famosos" o tener éxito en internet o ser  influencers? ¿De verdad merece la pena? La cosa es que antes, los jóvenes y adolescentes que utilizaban las redes sociales solían esforzarse por escribir tuits o posts para ser leídos y para conseguir seguidores –lo normal, según las instrucciones no escritas del funcionamiento de estas aplicaciones–. Subir información interesante, trabajada, bien escrita y de forma habitual para que los lectores, seguidores o amigos puedan retuittearla  o likearla  para hacernos aún más famosos en nuestra pequeña esfera de reconocimiento social. Así, conseguíamo...

La pereza como ius consuetudinario

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  Antes solíamos hacer. Y hacer mucho. Y siempre. Y muchas veces. Y para todo. Y todo el rato. Por placer y por obligación. Porque era necesario y porque no, pero sí por si acaso y por ayudar y para uno mismo y para sorprender y para conseguir un halago o una galleta o cualquier cosa buena. O mala. Pero hacíamos. Ahora ya no tanto o no si no hace falta, o no si no es imprescindible o si no nos lo piden o si "pa'qué". La pereza antes apenas existía porque trabajar era el delirio del ser mejor para uno mismo. Hacer cosas (en cualquier ámbito) suponía estar ocupado y sentirse bien uno consigo mismo y con los demás: era una sociedad trabajadora. Tradición que se truncó no mucho más tarde: cuando surgieron las nuevas generaciones del estar tumbado en la cama con los ojos fijos en una pantalla que se mueve. Somos todo, somos los mejores y somos capaces del mover el mundo sin salir de nuestro ordenador, aquel sobre el que tenemos poder –pensamos–, pero que, en realidad, nos cont...

La mujer en el papel del personaje literario peculiar

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¿Te has dado cuenta? En muchas obras, sean poéticas, en prosa, teatrales o según convenga, a veces, encontramos personajes peculiares -que no raros-, extravagantes por cualquier razón -o desazón que provoquen- y cómo no, extraños a más no poder -que pueden-. Bien sea este personaje el protagonista o un simple y sencillo garabato con buena intención en su comienzo, pero mal acabado y, cuyas formas se entrelazan y flotan suspendidas en el aire en arquitectura del vacío. Y es verdad que los hay, Max Estrella en su (ex)céntrico y puntiagudo esperpento, el intrigante asesino o su acompañante de trama, aquel punki ,  en  Burgati de Jesús Toledano (escritor burgalés)  o cualquier otro. Están mal definidos, nadie sabe para qué están o cuál es su cometido. Sin embargo la novela en cuestión no puede acabar sin que se tenga en cuenta el papel y la información -raras veces detallada y concisa- que puedan aportar. Normalmente en clave. Normalmente ambigua. Casi nunca arbitraria....