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Mostrando las entradas etiquetadas como Surrealismo

La equidistancia del rojo y el negro

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Cualquiera diría que el mundo está repleto de límites y que todos son ciertos, pero también inciertos y propios, pero también ajenos. Ambas afirmaciones son veraces, pero también están repletas de falacias, puesto que ninguno conoce límites ni hace referencia a ellos.  Sin embargo, para que existan los límites, debe haber irremediablemente puntos que los separen y a la vez unan en el tiempo y en el espacio. Es lo que ocurre entre todos los objetos presentes e irracionales; incluso entre los tiempos y en cada punto inserto en ellos. Igualmente, existen distancias huecas y oblicuas entre cada punto, segmento y vértice de los bordes de los pétalos, entre las pestañas, entre las patas de las arañas, o entre las finas hebras de sus telas. Es un fenómeno existente entre todas las cosas y no cosas del mundo y de los demás.  Y también notamos cierta equidistancia plana, vertical y en caída libre entre los colores, los números, los relieves, los volúmenes y los sentimientos. Pero la ma...

Microcalma

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En calma.  En armonía. Blanco. Verde. Azul  claro. Terciopelo. Grisáceo. Rosa palo. Miradas solitarias. Visiones del horizonte. Párpados cerrados. Pestañas al  viento. Iris  dormidos. Claro azul. Verde. Blanco. En armonía. En calma. 

Microlux

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La luz se hizo una y desenterró el mar cuando abrió las grietas solares destruyendo la capa superficial de oscuridad, de sol, de lóbregas lunas, como luceros, en los recovecos de una cascada oceánica. 

Micropunctal

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 .      .      .      .      .      .      .      .      .      .       Se suceden inexactos,  rectos, octogonales, paralelos, reales, incompletos, exactos, .      .      .      .      .      .      .       Ajenos a sí mismos.  Son.  Y serán.  Los vértices del mundo.  Del  poliedro. Que recubren.  Que limitan.  Que protegen.  Que invaden.  .      .      .      .      .      .      .      .      .      .      .        .      .      .       Son porque siempre...

Microlineal

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Líneas verdes, naranjas y rosas. Rodean las fronteras de la luz y la luna. Lloran de alegría los soles encendidos, que inundan los sabrosos prados de colores amarillos y blancos pétalos de frambuesa. Las líneas se vuelven moradas, azules y grises al caer el atardecer, y después de él, la noche. Vivas imágenes oscuras de sombras de grillos y sonidos burbujeantes de la tierra, el mar y el cielo. 

Microsistemas

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Brisas monótonas incandescentes sobre la morada de las hojas del viento entre las lágrimas azules de las estrellas tentaculeantes de los fondos marinos coraloideales repletos de ramajes floridos y rostros purpúreos. Cielo y tierra verdeidales clarificando de efemérides grisogirosales acordonadas entre lazos moribundos en las escenas eterniles con alegres dimensiones y exactas rectitudinales monoverticales en lados microanchales, larguideantes y profundizales. 

Desconexión

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Caen.  Se descuelga el agua del cielo. Caen.  Se derraman sobre la tierra.  Caen.  Deambulan por el aire.  Caen.  Humedecen los vientos.  Caen.  Riegan la naturaleza.  Caen.  Barnizan el mundo.  Caen.  Mojan las ilusiones.  Caen.  Adormecen los sentidos.  Caen.  Estremecen las hojas y los tallos.  Caen.  Despiertan el color de los pétalos.  Caen.  Pintan de gris los lagos.  Caen.  Se fusionan con los mares.  Caen.  Dulcifican las sales.  Caen.  Alegran el tiempo.  Caen.  Desconectan las mentes.  Caen.  Armonizan los pensamientos.  Caen.  Alejan las preocupaciones.  Caen.  Relajan el tiempo.  Caen.  ... Caen.

Luna gris

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Siento mi cuerpo ligero al mantenerlo en fuerza y reposo sobre fina cuerda lo apoyo, el pie  que sin pretenderlo nada sobre el aire a ambos lados del fino trazo que en la nada se balancea solitario. Veo a lo lejos una luz blanca y firme ante sí entre las nubes oblicuas del firmamento arrítmico. Sobre todos los pilares del mundo y sobre la tierra, que no veo me mantengo certera, me mantengo sobre una cuerda en la nada del aire. No hay viento no hay nubes no hay cielo aunque yo a todos los veo aquí erguida sobre el firmamento. A un lado la muerte veo pasar con sus andares injustos e inquietos con sus risas alegres y con un ágil movimiento. Me saluda sin yo verla del todo no produzco sonido porque no puedo, en este universo tan raro no sé quién soy ni por qué no puedo seguir hasta el futuro. Al otro lado miro y me deslumbro lo que antes me pareció blanco, ahora es de un gris oscuro con pecas grises y blancas  que sonríen a la muerte con gusto. La luna gris también me mira en esta...

En mi esfera propia

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Parecen dos rayas inexactas. Concéntricas la una a la otra. Perpendiculares. No las veo bien, a pesar de que parecen negras, pero irradian luz. No sé dónde estoy. O quizá sí. Yo lo deseé. Deseé estar aquí. No veo más que eso. Lo demás está demasiado claro. Me nubla la vista hasta dejarme los ojos transparentes, con un iris rubio, brillante, amplio y grande. Solo veo luz y dos rayas.  Ya no son dos rayas simples. Ahora son curvas. Y se mueven. No vacilan en su trayecto. Giran como si sostuviesen entre su fuertes brazos de negros trazos el mundo. Y es cierto. Algo rodean. Algo hay. No flotan porque sí. Veo un círculo. Una esfera que gira entre sus negros tallos. Qué es. Qué será. Es una esfera en movimiento.  Ahora lo veo mejor. Yo también giro. Sobre mí mismo. Sobre mi propio cuerpo y en él mismo. Tengo la cabeza más alta y miro al fin al frente. Y ahora veo. Veo la luz. O sea que no veo. Solo distingo. Distingo una esfera maciza de luz, de diamantes que cristalizan el paisaje ...

Lunas de papel albal

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     Largas columnas de flores emergen desde la tierra para sumergirse en un hondo pasillo de oquedales transparentes sin fondo de algodón. Las luces del cielo se nutren de las burbujas de etéreos sueños señaladas por orden de las mentes nubladas y dormidas.       Burbujas de silicio, adecuadas con zafiros esmeraldas o onirificados en cruces estrelladas de ocho puntas con siete vértices a cada lado.       Burbujas amarillentas, corpóreas en humos de azufre plateado, con aliñe turquesa de los condimentos líquidos y gaseosos de los océanos del viento, alejados al fin del mundo terrenal, donde la tierra terrestre del terreno salpica las sendas de sedosas saetas rosadas en tenebrosos sonidos sentados en los senderos sensuales  de una vida violácea, vuelan por las lindas venas de una viola.      Burbujas oscuras, retadas por el sol a vivir en los ríos de la oscuridad, de la selva serena de los suspiros extraños. Almas...

Entre neutro y sepia

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    En la fotografía salían los cuerpos difuminados, alargados hasta el infinito, pequeños, de doble filo, sin espacios; sencillas motas de polvo incendiado en la nada, en un lugar de la habitación. Las ventanas, sin color, reflejaban sus tristes ojos, ajenos a nuestras almas, hinchados, pero hermosamente grisáceos. Era una imagen de alta calidad, hasta tal punto que se perfilaban, al fondo, en la pared última del recuerdo en papel, unas tímidas separaciones rectas, mullidas y espinosas: hilos de morfina, de esperanzas truncadas, de ilusiones mohínas. Finas arañas los tejían y aislaban de la cruda realidad del género neutro.       El sol, esfera eclipsada, clara y a veces oscura sobre la sombra de los epitafios dormidos que desdibuja las líneas rojas que dibujan tu cuerpo. Esfera enmarcada por un río blanco surtido de colores pálidos que todo lo abarca, que todo lo absorbe.       Níveos objetos bañados en ocre, extinguidas entes que...

Alegoría del sueño

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      Unos y otros andan en círculo sobre el vórtice de la esfera del tiempo. Árboles extraños y alternos que se desfiguran entre la mañana y la noche como diálogos de masas empedernidas. Esclarecedoras lágrimas de felicidad onírica entre las luces espectrales de la medianoche acristalada. Sombras y más sombras: monigotes etéreos de rosas amapoladas por brazos y piernas y amarillentos pétalos como sonrosadas mejillas en nubarrones de terciopelos cristalinos y pasionales cabellos dorados. Las almas envuelven de misterios las ilusiones de la mente humana.       Una descripción metafórica, como otra cualquiera, de la nube que nos envuelve cuando soñamos. Sueños extraños que pueden o no tener que ver con la verdad, con la realidad de los hechos, de las cosas, de la objetividad y de la subjetividad de nuestra fisiología mental y psicológica. Psicoanalizando el ambiente del hecho y de la praesentia o ausentia del mismo, que se da o no en fun...

Constancia

Se trata de lo que era: una sinestesia; oía lo que gritaba en silencio y veía lo que no existía soñando con ello en una caricia visual. En fin, exacto, olores ajenos a la nada, al extinto crepúsculo de luz que nunca rocé. Quién soy, me pregunté esta mañana ante la oscuridad de una habitación cuya penumbra es solo la sombra de un alma asomada por la ventana. Cuando no hay luz ni vemos, pero sabemos lo que hay. O eso creemos. Quién nos dice lo que hay. El recuerdo de una noche de verano no es recuerdo, sino concepto idealizado de una visión alterada por el deseo, la ilusión y la irrealidad personificada.  Qué hay escrito en el techo que flota sobre mí cuando los ojos abro al final de la noche. No hay nada. O yo no lo veo, pero sí lo hay. O yo imagino que lo hay sin percibir nada más que lo que no veo por no ser capaz de ver porque mi naturaleza me lo impide. Qué seríamos nosotros si fuéramos todo. Ahora podemos ser todo para nosotros mismos, para alguien o nada para todos. Qué todos,...

Visión fúnebre

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La vida en la noche vuela                                                                      Hacia el noctámbulo cielo                                                                                                                                       Esparcidos los rasgos de la soledad                          ...

La cotidianeidad del Verso

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Sketch for 'Pots and Pear', verso: Abstract design , (1955).  William Scott  La cotidianeidad del Verso. Entiéndase esto como una errata del propio pensamiento. Uno cambia cuando las circunstancias a su alrededor se alteran, se modifican y se enredan en pulsos albiónicos. Claro, que eso es lo que dicen algunos. ¿Quiénes? No tengo ni idea, pero ahí están las palabras, flotando, nadando en el ciclomar sobre olas de ondas encendidas, que apagan el oído. Dicen también que esta es una frase extraña, ambigua, casi producida por el resplandor de un sueño. Quién lo iba a decir cuando antaño eso era una idea, una idea de viva poesía. Ahora ya no se entiende. No se guía nadie por la libertad. He visto nuevas caras, jóvenes vidas, estrictos en novedades y solo me gustan los dibujos, las hélices con las que ahora nos mima la literatura, paraje inconexo, desconcertante, pero solo autor del inmenso placer que puede dar la vida.  El tema, claro, y a lo que yo venía es a habla...

Legado de hielo

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Cuando los ojos duermen y las mentes visitan reinos de luz o de oscura templanza, se levantan los viles con espadas en mano y susurran al viento como ángeles en la tierra. Comienza la andanza, la exploración de lo inhumano, del interior no imaginado, de la abrumadora consciencia vulnerable. Duermen los ojos y los corazones se aceleran. Guerras, amores y felicidad son ingredientes de las noches. Algunas son templadas y los ojos no son provocados a la locura al abrirse de madrugada. Pero otras son frías o demasiado calientes y en y ante sí dejan efímeros recuerdos de un destino dimensional, ajeno, de espacios inconexos, de posibilidades impresas en leyes no escritas. Las almas vuelan o conversan airadamente en universos de almas o de creencia en ellas, queridas, amadas, odiadas o solas protagonistas de un rato de diversión.  Y mientras todo esto es, en cualquier parte y en todas a la vez, la escarcha se deja caer en una niebla  de cristal, espejo de todas las cosas sobre ...

Cosas

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Endemoniadas.  Muchas cosas.  Demasiadas. Extravagantes. Difusas. De mal agüero. Para tirar. Para olvidar. Para recordar después de un café frío, por el olvido. Relacionadas con todo. Y con nada. Y con la luz que no entra. En mi mente. En el sofá se está bien. Supongo. O eso dicen. Pero yo solo pienso. Tengo miles. Miles de pensamientos. Colgados. Guardados. Perdidos. Espero. Espero que desaparezcan. Para por fin recordarlos. Mientras se me olvidan. No me importan. Nada. Aunque me relacionan con los demás. ¿Con quiénes? No lo sé. Sí lo sé. Ellos están guardados. ¿Dónde? Allí. En aquello que cae. Que cuelga. Desordenado. A punto de caerse.  ¿En dónde? Allí. En un pensamiento.  En una preocupación. Aún lo recordaba. Pero ya lo olvidé. 

Espacios de colores

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Entorpecidos ojos, hiel en las miradas más profundas de miel y sosiego. Un zafiro translúcido es cada uno de tus focos visibles, e invisibles. Con ellos no miras, observas. Ves en cada una de las redondeadas esquinas un vértice, un entramado plástico, extracto de grises tumultos de viento, de claro hielo esmeralda, sin vida. Tus dedos, yemas carentes de color, yemas sepia que intentas esconder entre las noches grises, entre los pálpitos de tu corazón, a veces negros, a veces blancos, tonalidades infinitas como los carretes de tu canon. Espejo es tu alma, nimia, envuelta de sentimientos de mora con una lazo pintado de la pasión nocturna que exprime tu mente al hacerse un zumo de naranja.  Sí, naranja es tu bolso. Con él sales casa, coges la vía verde y desciendes por el embudo yerto de losas y baldosas de extremada grandeza que recorren las sienes de tu ciudad, de todas las que envuelven el mundo de reflejos dispares de gafas de sol. El cielo siempre tiene el mismo color, p...

[Proyecto de vanguardia] - Aristas curvilíneas

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Eterno haz de luceros sin fondo. En llamarada de flores oblicuas te has perdido y no sabes buscarte. Será porque las luminealidades del mundo no te predicen el único prefijo que a ti te procede. O bien será porque no hay nubes ni cielo ni esteradas estrelladas contra abismos de estratos extraños, de girasoles volteados, que miran, que sin más ni menos rompen la vida, acristalan la muerte y, frente a sus ojos, matices de olas, matices de ungüentos de prismas carismáticos. Nebuloides exagerados, hiperbólicas esferas se deshacen en tu contra. No eres nada; ni visceral ni obvio. Ni en la inopia haces de ti un ser estratosférico. La tierra te aborrece porque te haces como iluminación exeterna de las vidas de los inconscientes. Porque, aunque tú ni lo sepas ni lo veas, nada en ti merece la pena existir. En agrios espamteros agujereados y negros de las miradas resquebrajadas de voces etéreas, de lápices oníricos, de óbices exuberantes. Un rayo tan fininervioso compone tu fina hiel de l...