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Mostrando las entradas etiquetadas como Realidad

Anécdota literaria

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Hace unos días acudí a una librería porque quería comprar un libro de una artista a la que sigo muy de cerca en las redes sociales. El libro trata sobre la naturaleza y la reconexión de cada ser humano con el mundo en el que vive ya que, al igual que los demás animales, compartimos el mismo espacio natural y los recursos que necesitamos para sobrevivir provienen de un mismo lugar. Sin embargo, las necesidades y la vida que el ser humano ha ido creando a lo largo de los siglos es cada vez más compleja y se presenta muy alejada del concepto de nuestro origen. Nuestro entramado social es demasiado estresante, complejo, individual y ambicioso. Miramos hacia el futuro olvidando lo que nuestros antepasados hacían y lo que realmente veneraban: la naturaleza, que es la que nos da todo y a la que pertenecemos, aunque en la actualidad parece que es ella la que existe para nosotros poder explotarla y hacerla nuestra.  Pero, como decía, fui a la librería porque en internet, en la plataforma on...

Encuentro en el arco

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En el arco habíamos quedado. Y en el arco nos encontramos. Sin embargo, el camino hasta allí, de apenas un kilómetro, se hizo casi épico. Con la música a todas partes, cascos de cable y andares rápidos, se tornaba el camino empedrado una suerte de nueva conquista.  En un momento dado comenzó a sonar una canción feérica, de las que más me gustan. Eluveitie llevaba mi mente a otros mundos entre runas, luceros y hechizos. Según andaba por las calles medievales de Burgos, mi mente se dejó llevar por la música.  Cabalgaba sobre los cascos del caballo blanco portando un báculo de luz y sorteando los peñascos de la enorme montaña. El corazón se agitaba con la impetuosidad de la elfa y se agitaba el cabello con la prisa del mago que llega tarde a su cita. La oscuridad se cierne sobre los valles, cuya marea negra siega los campos y los límites de la ciudad de piedra. Vidas atormentadas por la batalla con la valentía latente, que calienta sus corazones ante la perspectiva de superar al ...

Hasta el fondo del alma

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Recuerdos.  Verano. Novedad. Un momento feliz. Una historia feliz. Con altibajos. Con sueños enredados. Un día bien. Otro mal. Mejor que otros anteriores. Miradas nuevas, curiosas. Cuchicheos dulces y agudos. Sonrisas. Saludos inesperados. Convergencias. Simetrías. Sinergias. Miradas alegres. Nueve meses de misterios insondables, de bobas conversaciones, de alegrías imprevistas, de vino y de hielo chispeante, de nuevos conocidos, de imprevisibles paisajes que se dejan apreciar por la fealdad de sus límites. Gente decente. Gente de bien. Gente buena. Gente loca. Gente mala. Gente que espía la felicidad ajena, se jacta de ella y planifica para demolerla.  Otoño. Violencia. Risas malvadas. Fantasmas entre la niebla. Amenazas en la carretera. Preguntas retóricas. Impotencia. Lágrimas. Tristeza. Dolor. Fuerza que se desvanece. Fuerza que perece. Miedo que aparece. Huida. Desaparición.  Invierno. Reacciones pasajeras. Cuidado. Prudencia. Ánimo apagado. Desconfianza. Miradas a t...

Hielos con chocolate

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         Observar la vida desde el fondo de un vaso medio vacío. Compuesto exclusivamente por tres hielos manchados de chocolate. Un vaso casi acabado, o en camino de llenarse, según cómo se mire. Verte reflejado, deformado, en esos hielos, que te han visto por un momento y en los que tú ves en su cristal algunos recuerdos. Instantes pasados. Un beso. Un abrazo. Una idea. Un proceso. Una flor. Una persona. Un lugar. Una vida. Muchas cosas para tres hielos aún fuertes, cuya vida es tan efímera como insignificante.     También ves en ellos reflejada una ilusión. Imágenes imaginadas. Sueños. Esperanzas. Un lugar. Un reflejo de ti mismo. Una acción que aún no ha sucedido. Una suerte que aún no ha llegado. Una persona que vuelve. Un atardecer distinto. Una nueva amistad. Una amenaza que no se ha cumplido. Una vida. Infinitas cosas que aún no han ocurrido, pero que descubres en tres hielos, cuya vida es tan efímera como insignificante.    Por ...

Constancia

Se trata de lo que era: una sinestesia; oía lo que gritaba en silencio y veía lo que no existía soñando con ello en una caricia visual. En fin, exacto, olores ajenos a la nada, al extinto crepúsculo de luz que nunca rocé. Quién soy, me pregunté esta mañana ante la oscuridad de una habitación cuya penumbra es solo la sombra de un alma asomada por la ventana. Cuando no hay luz ni vemos, pero sabemos lo que hay. O eso creemos. Quién nos dice lo que hay. El recuerdo de una noche de verano no es recuerdo, sino concepto idealizado de una visión alterada por el deseo, la ilusión y la irrealidad personificada.  Qué hay escrito en el techo que flota sobre mí cuando los ojos abro al final de la noche. No hay nada. O yo no lo veo, pero sí lo hay. O yo imagino que lo hay sin percibir nada más que lo que no veo por no ser capaz de ver porque mi naturaleza me lo impide. Qué seríamos nosotros si fuéramos todo. Ahora podemos ser todo para nosotros mismos, para alguien o nada para todos. Qué todos,...

Energía

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El pasado es un recuerdo anodino capaz de llenar de felicidad un solo instante de imposibilidad realista. Nunca volveremos a él. Las ondas que lo rodeaban han cambiado, han sido sustituidas por pequeños cortocircuitos inconexos. El presente es distinto. Mucho tardarán los nuevos voltios en unirse y convertirse en ondas. El pasado está lejos y el futuro, incierto, recorre de pequeñas descargas nuestra mente. Visualizamos con ellas la realidad, a veces mentirosa, que no puede huir de la verdad eléctrica. La energía se ha parado por unos segundos, suficientes para detener el flujo principal y los secundarios. Por un momento desapareció la luz de nuestros ojos ante la incertidumbre visual. La vida se ha reactivado en solo un minuto, pero la normalidad acecha como un recuerdo lejano en la grieta de una chispa que renacerá en el futuro. 

Proceso hacia la «nueva normalidad»

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Normalidad Las calles son enjambres de luz, color y risas. Las tiendas, llenas a borbotones, son microsistemas de tallas, engaño, falsas preocupaciones y colores. Las nubes van y vienen, pero pocos son capaces de observar su baile simétrico en el cielo. La frivolidad lleva largo tiempo conquistando el mundo con una ideología ególatra y confusa. El planeta se viene abajo en la realidad, pero no en la ficción que recrean sus habitantes, ajenos a la naturaleza y a la tierra, dejándose agasajar por deseos irrealizables en un universo decadente.  Desfase: Confinamiento Un suspiro. Otro. Otro más. El silencio. La brisa. El aire. El viento. La ciudad descansa. Está tranquila. Respira al fin. Los animales, miedosos, aún esperan en el confinamiento de sus madrigueras. Esperan con ilusión. Con una ilusión siempre soñada, pero inalcanzable. Hasta ahora. Nosotros seguimos en casa disfrutando de los recuerdos, de nostalgia y de añoranzas. Incredulidad hasta el ocaso. Cómos. Por...

Días de confinamiento

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Mientras el mundo está en silencio, las casas bullen. Mientras la tierra descansa, sola, bajo el asfalto de plata, las casas bullen. Mientras la vida se rige por el miedo, la calle espera. Mientras la belleza está sola, lo desconocido avanza. El exterior es una calle de más de un millón de cadáveres, ausentes, que descansan en sus capullos, cerrados, que pasan largas horas oyendo gemir al huracán, mientras se aburren, mientras abandonan los rosales del día y las tristes azucenas letales de las noches, interminables. El mundo dijo y se dice a sí mismo: –¡Diríjanse por las calles en gran número! ¡Despídanse de ellas o de lo que queda de ellas! Y en larga procesión separada, avanzaban sobre la calzada las huestes de sombras ya encadenadas a la desazón de su alma y al miedo de una mala pisada. Y la muchedumbre gritaba: –¡A casa, a casa! Y para eso debían salir del exterior de las calles. Entonces, comencé a ver claro. Las calles son la libertad, humana. L...

Realidad

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"¿Qué ves?", me preguntaste. Miré al presente, a la realidad, a la visión que se cernía sobre mí. Le pregunté a mis ojos qué veían; y me respondieron. Con sus palabras en mis labios te respondí: "hay árboles. Son frondosos, de distintas tonalidades. Unos más verdes y otros menos. Algunos, ya con tintes anaranjados, se van tiñendo de rubio. Se mueven al son de la lanzadera del viento. Igual celebran una fiesta". Me interrumpiste. Me volviste a preguntar: "¿Qué ves?" Decidí ser menos imaginativa. Me ceñí a lo que veía como si fuera un examen de pura realidad. "Veo árboles bailando al viento. Se nota que es otoño. Algunos son muy verdes, otros menos y otros más amarillos. Bueno, las hojas -aclaré-, los árboles siempre son mezcla de copa y tronco. -Seguí-, detrás de los árboles hay una montaña. Ahí acaba esa esquina de la ciudad. El cielo está nublado. Enfrente de mí se aprecia un edificio. Diría que un palacio, pues su torre -la que yo observo-, es a...