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Mostrando las entradas etiquetadas como Poesía

Tu hechizo

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Ilusiones y emociones se van contigo.  Plácidos momentos de luz y vida.  Reflejos de cristal veo entre tus ojos y mi alma.  Corazones rojos, blancos y rosáceos envuelven mi cariño como  rosas felices sin espinas.  Entre las hadas y el viento  amanecen los susurros de las nubes, esparciendo estrellas por los oscuros recovecos del silencio.  Ni blancos ni grises ni negros impulsos en el atardecer de tus ojos. Ninguno de ellos volarán hacia el infinito como lo hacen mis párpados al recordar las innumerables mañanas que pasaron y que quedan en el futuro, en las que ambos nos despertaremos entrelazando sonrisas y sueños. Juntos y nada más que unidos por nuestras almas y emociones, perviviremos entre los círculos del poder de los cielos y el increíble poder de la tierra.  La naturaleza nos bendice renaciendo de cada rincón de los lagos, despertada por el poder y la fuerza de tu hechizo.  El mar se eleva surgen de él las alas, de los instantes ...

Hielo sobre escarcha

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Las mañanas frías. Las tardes blancas. Las noches oscuras,  sobre la sombra del día amanecen de escarcha, de hielo y locura. Las mañanas claras, alegran con versos, las flores heladas del bello cerezo. Las tardes blanquean  con sus extraños veleros los mares inciertos de espumosos deseos. Las noches se ciernen, felices perecen sobre la luz que amenaza en el horizonte del alba. Las mañanas ya llegan con ejércitos de colores y ardorosos pasean estrellas, nubes y soles.  Las tardes alejan con sus nubarrones la calma, y con la lluvia alivian las preocupaciones del alma. Las noches ya vuelven como sombras violáceas y sobre la vida envuelven la muerte rosácea.

Luna gris

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Siento mi cuerpo ligero al mantenerlo en fuerza y reposo sobre fina cuerda lo apoyo, el pie  que sin pretenderlo nada sobre el aire a ambos lados del fino trazo que en la nada se balancea solitario. Veo a lo lejos una luz blanca y firme ante sí entre las nubes oblicuas del firmamento arrítmico. Sobre todos los pilares del mundo y sobre la tierra, que no veo me mantengo certera, me mantengo sobre una cuerda en la nada del aire. No hay viento no hay nubes no hay cielo aunque yo a todos los veo aquí erguida sobre el firmamento. A un lado la muerte veo pasar con sus andares injustos e inquietos con sus risas alegres y con un ágil movimiento. Me saluda sin yo verla del todo no produzco sonido porque no puedo, en este universo tan raro no sé quién soy ni por qué no puedo seguir hasta el futuro. Al otro lado miro y me deslumbro lo que antes me pareció blanco, ahora es de un gris oscuro con pecas grises y blancas  que sonríen a la muerte con gusto. La luna gris también me mira en esta...

Lunas de papel albal

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     Largas columnas de flores emergen desde la tierra para sumergirse en un hondo pasillo de oquedales transparentes sin fondo de algodón. Las luces del cielo se nutren de las burbujas de etéreos sueños señaladas por orden de las mentes nubladas y dormidas.       Burbujas de silicio, adecuadas con zafiros esmeraldas o onirificados en cruces estrelladas de ocho puntas con siete vértices a cada lado.       Burbujas amarillentas, corpóreas en humos de azufre plateado, con aliñe turquesa de los condimentos líquidos y gaseosos de los océanos del viento, alejados al fin del mundo terrenal, donde la tierra terrestre del terreno salpica las sendas de sedosas saetas rosadas en tenebrosos sonidos sentados en los senderos sensuales  de una vida violácea, vuelan por las lindas venas de una viola.      Burbujas oscuras, retadas por el sol a vivir en los ríos de la oscuridad, de la selva serena de los suspiros extraños. Almas...

Mi casa

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Te abro la puerta de mi casa. Yo soy esa casa y tú la luz que ilumina sus estancias de amor pintadas donde residen las almas. 

Moras

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Un cielo espeso turquesa el mío paso aciago camino de la pradera el tiempo va hacia el ocaso. A los lados ardían las moras de colores grises y rosas; de colores, luces y sombras con rocío dorado en sus hojas. Tierra, lluvia y fuego, el atardecer de noche envuelto mi sonrisa vuela en el cielo y el alma se vuelve pensamiento.

Canción: Hacia el cielo

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Llenas de vida mis deseos mientras a las estrellas miro. En tu sonrisa me ilumino y en tu ausencia me reflejo. Vistes a la luna con el llanto del cielo. Viajas sobre el viento, escribes en el color del fuego con la sombra de tu pluma. Pienso que siempre estás a mi lado, que bebes de las hadas. Las luces yacen en el lago antes de perder su alma entre saetas de magia. Viajas sobre la tierra y de recuerdos hieres con flechas divinas el olvido que me envuelve. Y se fue tu mirada celestial volando hacia el lejano sol donde reposa tu corazón en su calma de soledad. Pienso que siempre estás a mi lado, que bebes de las hadas. Las luces yacen en el lago antes de perder su alma entre saetas de magia. En un lago nevado de flores añoro tu eterna presencia. Pero en el bosque de ausencias encuentro tus besos de colores.

Días de confinamiento

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Mientras el mundo está en silencio, las casas bullen. Mientras la tierra descansa, sola, bajo el asfalto de plata, las casas bullen. Mientras la vida se rige por el miedo, la calle espera. Mientras la belleza está sola, lo desconocido avanza. El exterior es una calle de más de un millón de cadáveres, ausentes, que descansan en sus capullos, cerrados, que pasan largas horas oyendo gemir al huracán, mientras se aburren, mientras abandonan los rosales del día y las tristes azucenas letales de las noches, interminables. El mundo dijo y se dice a sí mismo: –¡Diríjanse por las calles en gran número! ¡Despídanse de ellas o de lo que queda de ellas! Y en larga procesión separada, avanzaban sobre la calzada las huestes de sombras ya encadenadas a la desazón de su alma y al miedo de una mala pisada. Y la muchedumbre gritaba: –¡A casa, a casa! Y para eso debían salir del exterior de las calles. Entonces, comencé a ver claro. Las calles son la libertad, humana. L...

Pestañas

Como un peine como las patas de una araña en un cuenco de cristal besan el aire y lo secuestran, enlazándolo entre sus tallos, cuyas raíces escapan del azar, del ser. Acarician un ambiente frío, un espacio insólito, un bosque desconocido plagado de azules perlas. Abrazan la luz y bajo esa superficie: la sombra, oscuridad colorada en baños de sal. Cuando caen se desparraman sobre la playa coloreada. Se cruzan por el abismo nacarado de collares risueño hasta el final del recuerdo. Y con efímera suerte rozan y humedecen la cima rubí de tus labios de crema, summum del placer salado.

La cotidianeidad del Verso

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Sketch for 'Pots and Pear', verso: Abstract design , (1955).  William Scott  La cotidianeidad del Verso. Entiéndase esto como una errata del propio pensamiento. Uno cambia cuando las circunstancias a su alrededor se alteran, se modifican y se enredan en pulsos albiónicos. Claro, que eso es lo que dicen algunos. ¿Quiénes? No tengo ni idea, pero ahí están las palabras, flotando, nadando en el ciclomar sobre olas de ondas encendidas, que apagan el oído. Dicen también que esta es una frase extraña, ambigua, casi producida por el resplandor de un sueño. Quién lo iba a decir cuando antaño eso era una idea, una idea de viva poesía. Ahora ya no se entiende. No se guía nadie por la libertad. He visto nuevas caras, jóvenes vidas, estrictos en novedades y solo me gustan los dibujos, las hélices con las que ahora nos mima la literatura, paraje inconexo, desconcertante, pero solo autor del inmenso placer que puede dar la vida.  El tema, claro, y a lo que yo venía es a habla...

En calma

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Un leve vaivén se desprendía en el cielo. Las hojas, breves, con sus trazados contornos, ajustados, coloreados por la mina de un lápiz que dibuja sus sombras. Ahí están. Se mueven. Todas al mismo tiempo, hacia distintas direcciones. Cada una tiene un peso, el peso de sí mismas y de su destino.  Se mueven en calma, siguiendo la brisa del aire. Se mueven y crean una melodía lírica, que hace juego con el silencio, el silencio de la naturaleza. Cierro los ojos. Oigo girar el mundo, pero me concentro en ello y escucho. Escucho el ritmo sostenido de las hojas, brillantes, al moverse bajo la luz del sol. Van y vienen sin pausa. A veces giran sobre sí mismas y reflejan el sol en sus venas. Son sabias y su savia se derrite al son del péndulo que blanquea su cabello hasta el día de partir. Ese día será otro más. Lentamente se soltarán del tallo y con un sonido inaudible descenderán como diosas en el último día por el abismo. Y caerán tranquilas, despacio, bailando por el viento, alegr...

Paisaje

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Cae la niebla.  La transparencia se disipa.  El mundo resuena traslúcido.  El aire se cristaliza.  El viento se para formando filamentos de hielo.  El paisaje se purifica.  El ambiente se hace níveo.  Las telas de araña se materializan en el cielo y en la tierra, dibujando con sus finos trazos la serpenteante línea de luz blanca.  El cielo se nubla hasta volverse invisible. Solo la niebla envuelve la vida y la muerte.  Solo ella devuelve a la vida los recuerdos, solo ella convierte en olvido blanquecino los trozos de dolor que se desmenuzan y caen a la infinitud abismal.  Blanco, todo es blanco.  Mi mirada es blanca. Habla el mundo nublado. Hacia la esperanza de luz opaca. La nieve lo cubre todo. No hay sentimientos. Solo hay escalofríos. La temperatura baja. El frío se hiela en intermitentes aleteos de frías huidas. Llueve. No se ve. La niebla no deja ver las nubes. Pero las nubes...

Cosas

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Endemoniadas.  Muchas cosas.  Demasiadas. Extravagantes. Difusas. De mal agüero. Para tirar. Para olvidar. Para recordar después de un café frío, por el olvido. Relacionadas con todo. Y con nada. Y con la luz que no entra. En mi mente. En el sofá se está bien. Supongo. O eso dicen. Pero yo solo pienso. Tengo miles. Miles de pensamientos. Colgados. Guardados. Perdidos. Espero. Espero que desaparezcan. Para por fin recordarlos. Mientras se me olvidan. No me importan. Nada. Aunque me relacionan con los demás. ¿Con quiénes? No lo sé. Sí lo sé. Ellos están guardados. ¿Dónde? Allí. En aquello que cae. Que cuelga. Desordenado. A punto de caerse.  ¿En dónde? Allí. En un pensamiento.  En una preocupación. Aún lo recordaba. Pero ya lo olvidé. 

Verde

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- En verde. Lo pintamos en verde.  - ¿Por qué en verde? - Porque es un paisaje. - Pero hay paisajes de otros colores. - Bueno, pero son hojas. - Entonces de blanco.  - ¿Y eso por qué? - Las hojas, los folios son blancos.  - Bueno, también los hay de otros colores.  - Ya, es verdad. - De todas formas son hojas de plantas. Y ésas son verdes. - Seguro que hay plantas que no son verdes. - Todas las plantas son verdes. Pero muchas tienen flores. Y esas flores a veces no son verdes. - ¿Y cómo sabemos que las hojas que vamos a pintar nacen del tallo y no de las flores? - Pues no lo sé. Habrá que mirar una por una.  - Para eso las pintamos todas verdes o ninguna.  - Vas a dejar el horizonte vegetal sin color.  - ¿Y por qué no? - Luego los seres que habitan este paisaje no lo van a ver.  - ¿Y por qué no? - Pues porque si no tiene color, no lo ven.  - Que no tenga color no significa que sean invisibles.  ...

PoesíaX

Se mecía sobre la mar                                                                                              Extraña y muda Verde y dulce                                                                                                        Era la princesa rosa La muñeca sola                                                               ...

Chartreuse

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Flota. El alba flota sobre el mar de azufre. El horizonte flota con su rojiza llama de intensos suspiros. Entre ambos colorean un océano antes incoloro, con una luz estelar. El fondo cambia. La uniformidad en calma se despierta, se desgaja en trazas volcánicas, tulipanes y margaritas. Las leves olas levitan sobre la playa. Las corrientes marinas mueven y remueven las distintas tonalidades hasta alcanzar el orbe completo. Aparece un remolino extraño, tranquilo.  Se disuelven los matices y aparece un ondulante y policromado ocre en estéreo.    En cualquier parte del mundo se puede entrever un ritmo sostenido entre las olas del mar y las hojas anaranjadas precipitándose sobre el mundo.  Mezcla en chartreuse, ámbar y dorado. Aguas en crema, crema de otoño.

Feliz Día del Libro 2019

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Un día como hoy, 23 de abril, Día del Libro, es un momento más. Comienza con una ausencia de sol, un océano infinito de nubes y una lluvia fina , extraña a los ojos de los que aspiran a un día cálido. La sombra del viento pide que nos dejemos llevar por la ilusión de un día especial, de un día de felicidad literaria.  Empiezan los descuentos en las librerías, las flores de San Jorge y las caricias a las solapas de miles de historias eternas en nuestro presente y presentes en nuestro recuerdo. El roce del tiempo crea en nosotros voluntades perdidas, deseos incontrolables de leer, de nublar nuestros ojos por ver otros mundos y otras realidades. Esta bruma insensata nos ofrece la valentía de imaginarnos en una biblioteca, en la historia interminable de la literatura, entre la tormenta de la vida y d el amor en los tiempos del cólera . La red púrpura de nuestros ojos brilla, resplandece al entrar en la Feria del Libro, en un laberinto lleno de laberintos, de paradas indisc...

Extraño

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Ojalá pudiera pasear por sus límites de fuego.  Ojalá supiera volar hasta verme en el cielo.  Ojalá tuviera fuerza para renacer, para ser parte de ello. Ojalá no fuera un extraño, ojalá no fuera de hielo.  Me gustaría tanto pasear por el horizonte, por el fino trazo delineado en cálidos temblores por debajo del  iris. Ojalá tuviera en mi mano el deber de subrayar sus infinitas pestañas, terminadas en puntas, en puntas resplandecientes de estrellas de colores.  El iris cambia de color con la cercanía de la luna. Me gusta tanto su rostro, la tez galáctica del cielo, de la princesa del mar de luceros extraños.  Aquí en la tierra no hay más que mares y charcos con fronteras a sus deseos.  No existe la eternidad de vuelos ni de sueños.  No existe la vida más allá del fin de los huesos.  No existe la esperanza detrás de tantos esqueletos.  Me gusta la tierra porque es lo que piso, la seguridad del animalillo con ...

Como dos hojas de sal

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Estás, te veo. O no estás, cuando la oscuridad me ciega. Estás siempre, dentro de mí, cuando a ti te pienso. Estás en el frío y en el calor. Estás cuando te disfruto, en la arena, mirando hacia el infinito, hacia las rocas del horizonte, hacia el acantilado nublado. Estás en un ramillete de hojas de hojas que oyen, sienten y padecen, de hojas rodeadas de flores incandescentes que miran tu presencia, que observan tu vida como si ellas ya no estuviesen. Estás en la vida, en mi vida. Estás en tu vida, sin necesidad de mí. Estás porque alguien, alguien te dejo estar. Estás porque sí, porque algo habrás de hacer. Nadie está por estar, salvo que no quiera estar. Si estás, quizá... es porque conmigo quieras estar. No, a veces no estás. A veces... A veces eres un sueño, un mundo distinto, una dimensión paralela, un vis a vis, un flashback, un momento, una hora, una estrella, un avión de papel, un silbido, una extrañeza, una figura, un retrato, una silueta, un enem...

Niebla

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Niebla, Niebla, a ti te hablo. Tus alas de hiel heladas acarician mi mejilla que, colorada, siente tus arañazos escarlatas.  Niebla querida, blanca y lúgubre; nocturna y pura en la amarga noche. A ti te hablo, Niebla, porque nos ayudas a no ver, sabiendo lo que hay delante. A ti me entrego en esta bella y escarchada hora.  Mis ojos te observan en tu inmensidad de océano grisáceo, mis manos rozan tu cuerpo despacio, disfrutando del roce con tu cintura; mis labios disfrutan de la eternidad de los tuyos.  Ven a mí pequeña gacela, álzate, atraviesa veloz el mundo. Ya estás aquí y en tus brazos me pierdo,  encerrando mi miedo en tu cálido cuello. Me veo mejor oculta. Guárdame en tu sombra para que ningún ojo necio pueda encontrarme. Me hablas de la luz cuando rasga tu mirada en la ciénaga del alba. Me hablas tú. Tú, que eres la luz de mi corazón y el fuego de mi alma. Quiero tu luz, no esa luz del astro que quema el cielo abrasándolo y lamiendo sus he...