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Vuelos y marcas

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A priori  no sé qué le puede venir a la cabeza al lector de esta publicación con el título elegido: Vuelos y marcas . Al releerlo hasta tres veces me han venido a la mente incluso alusiones a la muerte y al dolor. Pero nada tiene que ver con eso.  Estaba caminando esta mañana, entre compra y compra, intentando ser lo más consciente posible de lo que hacía en cada momento y evitando pensar en otras cosas, cuando he visto una paloma pasear por el empedrado de la Plaza de la Libertad. En un momento dado, ha echado a volar muy cerca de mí. Tanto, que incluso me ha revoloteado el pelo el aire que han producido sus alas. Entonces he pensado en cómo es posible que tengan esas aves tan poco conocimiento de la distancia y del espacio con otros seres. A continuación, he caído en la cuenta de un hecho: lo similares que somos a las palomas. No como seres inteligentes ni nada de eso, sino como seres vivos que vivimos en un mismo lugar y que nos alimentamos de lo mismo: oxígeno, plantas, an...

Idílico

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El paisaje se puede tornar gris a mitad del día, pero las esperanzas fluyen, insensatas e ilusas como solo son ellas, como caracteriza a la elegante y eterna esperanza. Siempre lo mismo, año tras año, las ilusiones se encuentran felices y se entrelazan unas con otras; las amapolas se dan la vuelta para observar el leve murmullo sonoro de las risas y los abrazos. Seres que se mueven y que sueñan despiertos un sueño incandescente, anual y alegre. Pero no son ellos los protagonistas ni sus sueños ni sus esperanzas ni sus ilusiones ni las amapolas que los miran sobrecogidas, ante la inmensa felicidad que expresan ni son las nubes, cada vez más grises y cómodas sobre un sofá de vapor de agua. Los grandes protagonistas de la jornada son los enormes enebros que acogen bajo sus sombras y protegen de aquellos seres naturales que viven su actividad en la libertad del viento, a los pueblos de la zona: a todos los habitantes de un pueblo y de las ramas familiares que lo protegen y le dan vida; a a...

Proceso hacia la «nueva normalidad»

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Normalidad Las calles son enjambres de luz, color y risas. Las tiendas, llenas a borbotones, son microsistemas de tallas, engaño, falsas preocupaciones y colores. Las nubes van y vienen, pero pocos son capaces de observar su baile simétrico en el cielo. La frivolidad lleva largo tiempo conquistando el mundo con una ideología ególatra y confusa. El planeta se viene abajo en la realidad, pero no en la ficción que recrean sus habitantes, ajenos a la naturaleza y a la tierra, dejándose agasajar por deseos irrealizables en un universo decadente.  Desfase: Confinamiento Un suspiro. Otro. Otro más. El silencio. La brisa. El aire. El viento. La ciudad descansa. Está tranquila. Respira al fin. Los animales, miedosos, aún esperan en el confinamiento de sus madrigueras. Esperan con ilusión. Con una ilusión siempre soñada, pero inalcanzable. Hasta ahora. Nosotros seguimos en casa disfrutando de los recuerdos, de nostalgia y de añoranzas. Incredulidad hasta el ocaso. Cómos. Por...

Efectos de la naturaleza en el arte

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     Como sabemos, la belleza y el proceso vital de la naturaleza tienen como consecuencia importantes efectos en el arte. Hay muchos elementos naturales que se evidencian en la escultura, en la pintura o en la literatura. Y hay muchos otros productos artísticos que han sido consecuencia de efectos naturales, pero que a veces desconocemos. Hoy vamos a hablar de dos de ellos: las increíbles imágenes paisajísticas retratadas por el pintor británico William Turner y la obra literaria que supuso el comienzo de la literatura moderna: Frankenstein.       ¿Qué tienen en común ambos ejemplos artísticos? La época. Mary Shelley publicó su novela en 1818 y Turner presentó sus brillantes colores celestiales al mundo en torno a 1816. Pero, más que una fecha, ¿qué los une realmente? ¿Por qué podemos relacionar ambos hechos?      Tanto las causas que llevaron a Mary Shelley a escribir como las que animaron a William Turner a pintar tienen el...

En calma

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Un leve vaivén se desprendía en el cielo. Las hojas, breves, con sus trazados contornos, ajustados, coloreados por la mina de un lápiz que dibuja sus sombras. Ahí están. Se mueven. Todas al mismo tiempo, hacia distintas direcciones. Cada una tiene un peso, el peso de sí mismas y de su destino.  Se mueven en calma, siguiendo la brisa del aire. Se mueven y crean una melodía lírica, que hace juego con el silencio, el silencio de la naturaleza. Cierro los ojos. Oigo girar el mundo, pero me concentro en ello y escucho. Escucho el ritmo sostenido de las hojas, brillantes, al moverse bajo la luz del sol. Van y vienen sin pausa. A veces giran sobre sí mismas y reflejan el sol en sus venas. Son sabias y su savia se derrite al son del péndulo que blanquea su cabello hasta el día de partir. Ese día será otro más. Lentamente se soltarán del tallo y con un sonido inaudible descenderán como diosas en el último día por el abismo. Y caerán tranquilas, despacio, bailando por el viento, alegr...