Romanticismo: | Efectos |
La violencia del mar por debajo del cielo, bóveda acristalada, inundada del fuego, de la parada del tiempo al expulsar de su corazón las vértebras de su montaña interior. Azules de terciopelo, violetas rubios, amarillos grisáceos, naranjas rojizos, granates dorados y allí, al fondo del horizonte infinito, una esfera, la esfera que gobierna, la que nos hace brillar. Ahora es una estrella con mayores reflejos aún. Está tintada de su alma, rodeada, matizada y delineada de un negro plomizo surgido de las entrañas del máximo cuerpo lejano. Océano que se arrodilla ofreciendo su mano de espuma al cielo que sangra, cuyas nubes se evaporan en un tornado de fuego. Los hombres miran, deslizan sus miradas atemorizadas hacia el cielo. Intimida. Al final observan atentos los cambios del murmullo de lágrimas que reflejan su techo, mucho más lejano que los seres que se creen por encima de. Pero no. Nadie puede a la naturaleza, a su fuerza espectral, a sus quejidos, a sus lloros y a sus g...