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Trazos

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Los elementos se ven, están dispuestos en el aire de forma distante, acromática, extraña. Las líneas bailan rectas, curvas y rotas sobre el lienzo, sobre el cielo, sobre la vida. Los vértices buscan la simetría de su existencia, acorde con las aristas de su naturaleza, que conocen, respetan y cumplen. Los colores caen, vuelan, se entrelazan y evolucionan a matices inexistentes, irreconocibles y sorprendentes. Una comunidad extravagante de luces oscuras y claras, de variantes increíbles e instantáneas. Son trazos varios, jadeantes por la búsqueda de la creación, de lo irreal. Nacen de su imaginación en busca de la creatividad oceánica, anisada en dulces blancos y cerezada de rubíes. Los azules son variopintos. Recrean lluvia y ceniza en la sombra de los lagos, en el reflejo de los cielos alternos entornados sobre la puerta. Los colores cálidos y alegres representan a las hadas, señoras del lápiz, del pincel y de la orden de borrar del folio lo que no les agrade, lo que desentone con la ...

Filamentos

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– Siempre con la vista fija en el cristal.  – Más allá solo hay tiempo y distancias ajenas. Solo se huele el silencio y la vida que deambula inquieta por el aire. La noche es la que más ve cuando el sol se va, pero ciega las miradas que intentan sobrevolar la sombra y ver lo que no existe.  – Igual te estás pasando, eh. Te veo muy filosófico hoy. Tranquilo, ya saldrás.  – Nadie puede prever lo que sucede ni hacer que retroceda el tiempo. Aquí, él no existe. Solo supone un resquicio, una luz casi muda en el vacío blanco de la conciencia.  – Saldrás. Y serás libre otra vez.  – Y si salgo, qué. Acabaré volviendo. Siempre se vuelve. Creemos ser los mejores, los más fuertes, los únicos, los todopoderosos. Y no somos una mierda. Al final siempre acabamos aquí, ya sea vivos o muertos. Pero siempre aquí, postrados.  – Te estás alterando mucho. No merece la pena.  – ¿Y qué merece la pena? – Sentir, disfrutar, vivir.  – Sentir, disfru...

Azul

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Por la vereda del infinito el río fluye, disperso, ajeno a la mirada de la niña que se deleita en su juventud a observar sus atentos movimientos. Va y viene como el aire, se comprime y extiende por el mundo, por los recuerdos de aquéllos que ya lo han admirado. También se distingue por ser especie de olvido y ansiedad de imaginación, de descubrirlo otra vez entrando y saliendo por los recovecos de la ciudad. Cuántas almas han vivido y caído en alguna de sus orillas. Cuántas lo han visto hundirse en las ilustres flores del nocturno abismo estrellado. Cuántas lo han visto despertarse coloreando la vida y derritiéndose en un dorado marfil al amanecer. En otros tiempos muchas fiestas, desfiles y bailes se hicieron en torno a sus aguas y por la vida que dejaba caer en forma de cascada, con el fin de bautizar a los que emanan de él.  El Danubio, imperio líquido de la música y del ser.