Policromía
Negro, un negro profundo iluminaba el suelo. Las violáceas dalias conjuraban contra mis ojos. Seguía siento una dulce y pálida niña de piel de cristal, de blancos cabellos y anaranjada mirada. Me gustaba mi vestido, rosa palo. Quedaba en armonía con mis ojos, pero me daba un tono general más cercano al pastel. Y yo seguía prefiriendo los colores fuertes. Mi madre decía que el blanco era un color claro. A mí me parecía uno de los más oscuros, de los más fuertes. Tenía miedo de que cuando envejeciera, las canas puderan salir negras y que mi vejez se convirtiera en una juventud cotidiana. Quizá fuera lo mejor para que la beige sociedad de dudas me aceptara al fin. M e había hecho fuerte. Las claras y azuladas lágrimas que eran despedidas por mis ojos, a su vez llorosos al verlas caer al plateado abismo de la soledad de una niña que estaba sola, habían hecho desaparecer mi grisácea Tristeza. Unos dicen que esta princesa indeseada es un ser oscuro. A mí me parece más una mujer rub...