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Primavera y Tiempo

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Ya hemos pasado el bello puente entre los últimos días de marzo y el primero de abril. Llegamos a la primavera con ilusiones renovadas, abrazos, besos, corazones ardiendo al viento, al viento helado de los primeros días que abril ha dejado en nuestra ciudad de Burgos, donde despertarse y mirar por la ventana supone una ondulación de las cejas, una apertura excelsa de las pestañas y el engrandecer de los iris, estupefactos por la fina capa de nieve que nos deja un cielo ya preparado para reflejar el ardor del sol en las flores eternas que dibujan y colorean los atardeceres cálidos, y modifican el movimiento y la actividad de los innumerables insectos que se disponen a emprender la tarea de la polinización, una vez más, un año más.  La primavera entra por las rejillas de las persianas con rayos de luz, fuertes haces rectos de impresiones absolutas, que proporcionan sonrisas, saltos, risas; y que nos  acercan al verano y a sus calores y a las aguas de los mares y a las sombrillas...

Exuberantes

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Exuberantes son las flores muertas. Encerradas en su pasado, en la pisada que las convirtió en cadáveres ante los fríos ojos que las desterraron al infierno. Sus pétalos están caídos sobre un suelo pétreo y frio como el desprecio humano. Pétalos de cálidos colores aún tibios que lloran lejos de su raíz, torcida y rota, ya sin vida. Sus hojas van perdiendo el color. De un verde luminoso a un claro y blanco cristal yacente. La muerte ha surgido de repente, como vino la vida.  Y mientras las flores caen en el olvido, el destino se cierne sobre ese niño distante que rompió una vida por simple diversión. Ese niño que aplastó a una flor estaba a punto de perder la suya, estaba apunto de morir.  Aquel niño que ahora corría por el jardín quitando miles de vidas de colores iba a morir de forma ruda y violenta.  Poco después de acabar de jugar se dirigió contento e ingenuo hacia su casa. Torció la esquina y pasó por medio de la calle mientras unos ojos lo observaban desde el otro l...

¿Quién eres?

Aire, el aire de la noche envuelve tus alas; alas de vida mezcladas con sangre; sangre de un ángel que con su voz te enseñó la música; música que ahora cantas pensando que recuerdas el futuro pasado; aquel pasado que desperdiciaste imaginando; con la imaginación deslumbrando tu mente; mientras en tu mente surgían ilusiones; de ilusiones vivías sin vivir realmente; mientras la realidad te aprisionaba el corazón; corazón que ahora da sus últimos latidos. <<¿Quién eres?>>, te preguntó la vacía, fría y melancólica voz de la muerte al susurrarte al oído el mensaje nostálgico de tus recuerdos perdidos. <<¿Quién eres?>>, repites ensimismada en ti y a ti misma, tú que te ves hablando en tu soledad. Tu corazón se acelera mientras tus vidriosos ojos se hielan. <<¿Quién eres?>>, vuelves a preguntarte. No estás sola, sentada en una roca cubierta de nieve sientes el calor de la Muerte a tu lado. Te ama, y lo sabes. Te quiere para sí, y lo sabes. Te mira sin...