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En espera...

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Sea o no con el prefijo, tanto la espera como la desesperación o desesperanza o lo que se considere son términos negativos. No tanto el primero en sí mismo como vocablo, sino como sensación  personal y humana. Y es curioso. Para todo hay que esperar –y desesperarse–. Para la desesperanza primero hay que hartarse a esperar. Cuando se cumplen las dos, caemos en una profunda desesperación y para todo hay que esperar. Cada vez se nos hacen más largas las esperas. ya sea por costumbre de la inmediatez tecnológica o porque cada vez que comenzamos a esperar ya estamos desesperados o cansados de seguir esperando por cosas, en su mayoría, improductivas o innecesarias. La vida es espera y espera tranquila, calmada o apremiante e insustancial. Es una espera acompasada en segmentos llamados años o días o segundos o ratos. Esperar desde que se nace hasta que llega la muerte y desaparecen la espera, la desesperación y la desesperanza. Entonces ya no es necesario esperar ni tener esperanza p...

La cotidianeidad del Verso

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Sketch for 'Pots and Pear', verso: Abstract design , (1955).  William Scott  La cotidianeidad del Verso. Entiéndase esto como una errata del propio pensamiento. Uno cambia cuando las circunstancias a su alrededor se alteran, se modifican y se enredan en pulsos albiónicos. Claro, que eso es lo que dicen algunos. ¿Quiénes? No tengo ni idea, pero ahí están las palabras, flotando, nadando en el ciclomar sobre olas de ondas encendidas, que apagan el oído. Dicen también que esta es una frase extraña, ambigua, casi producida por el resplandor de un sueño. Quién lo iba a decir cuando antaño eso era una idea, una idea de viva poesía. Ahora ya no se entiende. No se guía nadie por la libertad. He visto nuevas caras, jóvenes vidas, estrictos en novedades y solo me gustan los dibujos, las hélices con las que ahora nos mima la literatura, paraje inconexo, desconcertante, pero solo autor del inmenso placer que puede dar la vida.  El tema, claro, y a lo que yo venía es a habla...

¿Día del Amor o de la Amora?

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14 de febrero, tópico anual del amor. Se celebra, ya sea con una fiesta íntima o con indiferencia, sombra y soledad. Es un día como otro cualquiera, como el que le precede y el que le sucede. Sin embargo para mucha gente es indispensable y para el resto, una farsa. Curioso. No hay término medio.  Pensaba que tal vez el artículo del blog de esta semana que, como suele suceder, publico los viernes, podría hablar del amor. Una posible opción era escribir un maravilloso texto literario sobre ello –empalagoso o no– o, lo que he decidido al final, una artículo de opinión de carácter lingüístico. Les explico.  El otro día caminaba tranquilamente por la calle cuando escuché una sinsorgada importante –para mi gusto– que estaba siendo defendida con uñas y dientes y casi con teorías lingüísticas –inventadas, por supuesto– por parte de una chica. Le decía a su amigo: «No es el Día del Amor. Es el Día de la Amora», a lo que, evidentemente, su compañero, con cara de póker, le preg...

Diario de un escritor. Versión 3.3

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1. Levantarse pronto.         1.5. Levantarse. 1.7. Parecer una persona normal. 1.9. No volver a dormir. 2. Desayunar.         2.2. Algo sano. 2.6. Algo. 2.8. Cualquier cosa que pueda entrar en el estómago para evitar volver a dormir. 3. Comprar el pan/periódico y demás.         3.5. Leerlo. 4. Escribir.         4.1. Pensar. 4.3. Sacar ideas. 4.5. No desesperarse. 4.6. Frenar las ganas de dejarlo. 4.8. Ser positivo. 4.9. Escribir algo, aunque sea otro punto de esta lista. 5. Hacer la comida.         5.2. Algo saludable y ligero, que si no, luego entra sueño. 6. Escribir.         6.2. Seguir con la labor anterior. 6.3. Recordar lo poco que se haya hecho antes y olvidar la desesperación. 6.4. Recordar inevitablemente la desesperación. 6.5. Desesperarse de nuevo. 6.6. Buscar una idea. 6.7. Apuntarla lo más rápido posible. 6.8. Pensar y sacar ideas sobre ...

Límite

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     Gota a gota el tiempo se agota Gota a gota y sin pausa Gota a gota va y viene Decimos que se agota pero siempre vuelve Decimos que vuela Decimos que muere Decimos que se pierde cuando no sabemos valorarlo    Gota a gota el tiempo se agota Es fácil hablar de él porque siempre está con nosotros Nos mima Nos deja entristecernos llorar ser felices querernos pasar tiempo juntos vivir Pero siempre nos da unas pautas unos límites una serie de segmentos partidos llenos de ilusiones pensamientos e ideas que tenemos que reflexionar y para las que tenemos que utilizar tiempo    Gota a gota el tiempo se agota Entonces podemos decir que el tiempo es una herramienta Muy necesaria pero realmente no es algo que podamos tocar ni coger ni manipular a nuestro antojo Simplemente está está ahí ahí y con nosotros Alrededor en las esquinas en el espejo de viaje descansando bostezando leyendo Está siempre con nosotros y nosotros con él    Gota a gota e...

Elementos

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Todas las noches se oye un golpecito. El suelo vibra. Mi mente se revuelve en sí misma. Piensa la causa, pero sabe que cualquier respuesta racional es causa y efecto de un suceso extraño. De una razón para no dormir.  Siempre hace sueño. Está vacía la espesura del pensamiento. Está triste y sola la niña que duerme en su interior. Que vive dormida en la sonoridad apabullante de la noche.  La casa está en un punto de la tierra, baúl de cadáveres envueltos de esperanzas. Tierra de miradas que ven por primera vez. Tierra de corazones que como luceros iluminan el mundo y que se apagan con él.  Aguas estancadas en desolaciones, en momentos pasados que duraron mucho, más de lo que quiso el tiempo. Aguas rotas y derramadas por los valles de carne que surgen de las cuencas de colores y que caen hacia un  vacío existencial, hacia el absurdo espacio y rebotan en el suelo, en la tierra.  Tierra de agua. Agua terrenal en la salvación divina.  Frío solar, ...

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1- | - Vitale                     2- | - Albia.                                         3- | -  Catártico                                                                   4- | -  Hélade.                                                                                           5- | - Millado                                           ...

Legado de hielo

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Cuando los ojos duermen y las mentes visitan reinos de luz o de oscura templanza, se levantan los viles con espadas en mano y susurran al viento como ángeles en la tierra. Comienza la andanza, la exploración de lo inhumano, del interior no imaginado, de la abrumadora consciencia vulnerable. Duermen los ojos y los corazones se aceleran. Guerras, amores y felicidad son ingredientes de las noches. Algunas son templadas y los ojos no son provocados a la locura al abrirse de madrugada. Pero otras son frías o demasiado calientes y en y ante sí dejan efímeros recuerdos de un destino dimensional, ajeno, de espacios inconexos, de posibilidades impresas en leyes no escritas. Las almas vuelan o conversan airadamente en universos de almas o de creencia en ellas, queridas, amadas, odiadas o solas protagonistas de un rato de diversión.  Y mientras todo esto es, en cualquier parte y en todas a la vez, la escarcha se deja caer en una niebla  de cristal, espejo de todas las cosas sobre ...

Tardes de invierno

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Me gustan las tardes de invierno. Esas en las que dejas que el tiempo moje la tarde, mientras la oscuridad cae firme y suave sobre la luz del atardecer. Me gustan estas tardes porque el mundo se mueve, el cielo baila y corre sobre la infinidad de sí mismo mientras yo observo, imagino y pienso tantas cosas, puras, vivas y espumosas como las crisálidas blanquecinas al tiempo que el vapor de agua inunda su océano lejano.  Me gustan las tardes de invierno. Sobre todo cuando llueve. Son colores fríos, azulados, con tonos amoratados en el fin de los tiempos. La luz se va del paisaje, del eterno mirar. Si te paras en silencio, se oye una delicada cortina de lágrimas de la luz que antaño vivía. Acarician la ciudad, los jardines y el mar. Viven empapando la existencia. Aunque traen la oscuridad mucho más rápido. También el olor que sientes en tus pulmones limpios cuando sales de la burbuja y te enfrentas al frío, a la noche y al peligro.  Me gustan las tardes de invierno c...

En color, en blanco y negro y en sepia

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Ya no me gusta la Navidad. Pero me gustaba en su momento. Siempre hay un momento para todo. Para ser felices y para estar tristes. Para reír y para llorar. Para saltar de alegría o callar. Momentos que se repiten, pero que a veces no están equilibrados.  Todos hemos vivido la Navidad en color. Cuando éramos pequeños. Cuando corríamos por la casa con nuestros hermanos y primos pequeños. Cuando veíamos las interminables luces de colores, el árbol que nos resultaba grande, ajetreado de adornos, estrellado y luminoso. Muchos regalos. Muchísimos. Tantos que luego nos preguntaban por ellos y nunca nos acordábamos de todos. Menos mal que nuestros padres –¡Santos Reyes!–, sí.  La mesa estaba llena de comida que se iba acabando junto con nuestra hambre. Luego, los turrones, polvorones y demás dulces navideños. Lo mejor de la cena hasta que llegaban las riñas y teníamos que dejar de comer. Y, al final, los regalos. (Y algunas envidias, como es lógico). Pero la felicidad irr...