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Navidades 2020

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Otro año más. Pero. Pero. Con eso nuevo que hay ahora. La nueva normalidad. Unas circunstancias especiales, extrañas, desesperantes, des... cualquier adjetivo bueno que queramos negativizar. Qué cosas. El año pasado aún no imaginábamos lo que se nos venía encima. Este año no sabemos lo que aún nos queda por soportar y por vivir. Quién lo diría y quién lo dirá. Esta noche es Nochebuena (y quien quiera que siga el villancico), y mañana Navidad. Igual que siempre. Igual que todos los años. Siendo más o menos. Probablemente menos. Casi seguro. Para bien o para mal. Quién lo diría y quién lo dirá. A pesar de todo seguirá habiendo cenas y comidas, se presentarán los turrones, los polvorones, los mazapanes habituales y la comida. Todo seguirá siendo igual sobre la mesa, aunque habrá menos platos. Muchos niños agradecerán poder comerse esas croquetas que antes tenían que repartir entre más comensales. Este año solo cambiarán las personas: no habrá tantas, no serán las mismas ni estarán ni irán...

Constancia

Se trata de lo que era: una sinestesia; oía lo que gritaba en silencio y veía lo que no existía soñando con ello en una caricia visual. En fin, exacto, olores ajenos a la nada, al extinto crepúsculo de luz que nunca rocé. Quién soy, me pregunté esta mañana ante la oscuridad de una habitación cuya penumbra es solo la sombra de un alma asomada por la ventana. Cuando no hay luz ni vemos, pero sabemos lo que hay. O eso creemos. Quién nos dice lo que hay. El recuerdo de una noche de verano no es recuerdo, sino concepto idealizado de una visión alterada por el deseo, la ilusión y la irrealidad personificada.  Qué hay escrito en el techo que flota sobre mí cuando los ojos abro al final de la noche. No hay nada. O yo no lo veo, pero sí lo hay. O yo imagino que lo hay sin percibir nada más que lo que no veo por no ser capaz de ver porque mi naturaleza me lo impide. Qué seríamos nosotros si fuéramos todo. Ahora podemos ser todo para nosotros mismos, para alguien o nada para todos. Qué todos,...

Diálogo con un muerto

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 –¡Ey, Jack! ¿Cómo estás? –Bien, bien. Tirando, como siempre. ¿Y tú qué tal?  –Pues igual que siempre. Jo, tío, hace un año que no nos vemos, ¿no? –Por ahí, como no te dignas a visitarme hasta que no llega el cambio de hora en la cumbre del frío... –... Tú antes no eras tan literario, eh. Algo te ha pasado. Venga... dime la verdad, ¿te has enamorado? –¿Yo? Qué pereza. Y tampoco hay mucho donde elegir. –Ey, no te quejes, que tú no tienes que llevar la mascarilla esta. Me tiene frito.  –Bueno, pero eso es porque tienes mala suerte tú. Si estuviera por allí, sí tendría que llevarla. Es lo malo de vivir, supongo. –Ya ya, ya me estás echando la culpa, ¿no? –En absoluto. ¡No habrás tenido oportunidades de venirte conmigo! Pero como te preocupa tanto la niña esa... –Nah, cortamos.  –¿Y eso? No me sorprende, la verdad. –Le gustaba mucho ir a la playa. Yo solo quiero silencio, tranquilidad y calma. Es decir, ir a mi casa en la Sierra. –Buuuf, dile a una mujer que rechace ir a...

Exuberantes

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Exuberantes son las flores muertas. Encerradas en su pasado, en la pisada que las convirtió en cadáveres ante los fríos ojos que las desterraron al infierno. Sus pétalos están caídos sobre un suelo pétreo y frio como el desprecio humano. Pétalos de cálidos colores aún tibios que lloran lejos de su raíz, torcida y rota, ya sin vida. Sus hojas van perdiendo el color. De un verde luminoso a un claro y blanco cristal yacente. La muerte ha surgido de repente, como vino la vida.  Y mientras las flores caen en el olvido, el destino se cierne sobre ese niño distante que rompió una vida por simple diversión. Ese niño que aplastó a una flor estaba a punto de perder la suya, estaba apunto de morir.  Aquel niño que ahora corría por el jardín quitando miles de vidas de colores iba a morir de forma ruda y violenta.  Poco después de acabar de jugar se dirigió contento e ingenuo hacia su casa. Torció la esquina y pasó por medio de la calle mientras unos ojos lo observaban desde el otro l...

El Reino del Silencio

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No hay nada, solo aire. Respirable, pero transparente. Se puede acariciar con los dedos y se nota en ellos la seda del viento.  No hay nada, solo luz. El sol calienta con sus rayos de inmenso poder el paisaje de la vida. La tierra es sombra del cielo. Y el cielo, del alma. Del alma del mundo, inexpugnable y fría como el calor que asciende del centro del globo.  No hay nada, solo niebla. Blanco horizonte de nubes ardientes, de esponjas de agua que flotan, eternas como las flores de colores que pueblan el suelo. No hay nada, solo polvo. Suspiros violetas que convierten el paso del tiempo en algo plácido y nublado. El calor no existe. Las piedras están heladas como la tradición de la muerte. No hay nada, solo lluvia; fina y sola en el sombrío agujero del acantilado sin fondo. Allí abajo, a lo lejos, las olas rompen y salpican protestando contra su naturaleza. No hay nada, solo ruido; el ruido de los tallos al crecer, de las hojas al prender de verde su pequeño espacio, de los pét...

Contemplación

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Exquisitas las vistas que tiene uno ante sí y por sí mismo. Asomarse en su interior al vacío, ver y no ver lo que hay y lo que no hay porque existe solo en sí y a la vez no existe. Los cubículos en los que uno vive son solo pasajeros. Cambian con el tiempo y aprisionan solo en algunos casos, cuando se convierten en las únicas dunas que los iris, como estrellas de calor celestiales, visualizan durante un tiempo, eterno para el ser, escaso ante la verdad temporal. Días y noches imaginarios que se vuelven contra él, que se revuelven en sus pensamientos como cárcel obligada cuando uno solo es lo que era, nada nuevo y sin embargo ya es malo para la libertad.  Afortunadamente tiene una escapatoria, la vista hacia el cielo que atraviesa el único ventanuco de su celda. El mundo sigue, los pájaros aún cantan y vuelan entre el paseo del sueño del cielo, con las corrientes de aire y el fluir sano, libre y natural del tiempo. Uno puede salir a la terraza si la tiene: vislumbrar en lo que antes...

Trazos

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Los elementos se ven, están dispuestos en el aire de forma distante, acromática, extraña. Las líneas bailan rectas, curvas y rotas sobre el lienzo, sobre el cielo, sobre la vida. Los vértices buscan la simetría de su existencia, acorde con las aristas de su naturaleza, que conocen, respetan y cumplen. Los colores caen, vuelan, se entrelazan y evolucionan a matices inexistentes, irreconocibles y sorprendentes. Una comunidad extravagante de luces oscuras y claras, de variantes increíbles e instantáneas. Son trazos varios, jadeantes por la búsqueda de la creación, de lo irreal. Nacen de su imaginación en busca de la creatividad oceánica, anisada en dulces blancos y cerezada de rubíes. Los azules son variopintos. Recrean lluvia y ceniza en la sombra de los lagos, en el reflejo de los cielos alternos entornados sobre la puerta. Los colores cálidos y alegres representan a las hadas, señoras del lápiz, del pincel y de la orden de borrar del folio lo que no les agrade, lo que desentone con la ...

Visión fúnebre

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La vida en la noche vuela                                                                      Hacia el noctámbulo cielo                                                                                                                                       Esparcidos los rasgos de la soledad                          ...

#TodoEmpiezaEnUnaLibrería

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La vida del libro, su origen en nuestro recuerdo y en las sonrisas que lloran de las eternas páginas que pueblan el universo literario nacen de las librerías. Muchos dicen que son órganos del cuerpo y del pensamiento, sin saber que realmente son el corazón y la mente de las almas que alimentan. Las librerías dan vida al libro, pero también a los lectores. Muchos de ellos son lo que son porque es difícil dejar de ser, pero gracias a los libros, a su olor a nuevo, a los mágicos y originales marcapáginas, a las recias solapas y a la promesa de descubrir innumerables dimensiones ficticias, son seres únicos, llenos de creencias, de vidas ajenas y de miradas aterciopeladas por el rumor de los capítulos sin fin.  Las librerías hacen magia. Las librerías son magia. Cada hechizo es un libro y cada uno de ellos es una ilusión, una alegría, una intriga, una risa, un... un tornado de emociones, sueños e imágenes. Las librerías son lugares especiales, mágicos y culturales.  ...

Energía

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El pasado es un recuerdo anodino capaz de llenar de felicidad un solo instante de imposibilidad realista. Nunca volveremos a él. Las ondas que lo rodeaban han cambiado, han sido sustituidas por pequeños cortocircuitos inconexos. El presente es distinto. Mucho tardarán los nuevos voltios en unirse y convertirse en ondas. El pasado está lejos y el futuro, incierto, recorre de pequeñas descargas nuestra mente. Visualizamos con ellas la realidad, a veces mentirosa, que no puede huir de la verdad eléctrica. La energía se ha parado por unos segundos, suficientes para detener el flujo principal y los secundarios. Por un momento desapareció la luz de nuestros ojos ante la incertidumbre visual. La vida se ha reactivado en solo un minuto, pero la normalidad acecha como un recuerdo lejano en la grieta de una chispa que renacerá en el futuro.