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Cotidiano

Es de día. Levántate que ya va siendo hora. Desayuna. Haz tostadas. Ponles aceite, pero aceite de oliva. De ese virgen, virgen extra. Es bueno. Te lo garantizo. ¿Te gusta la mermelada? Sí. Claro, claro que te gusta. Me lo dijiste el otro día. Aquel día de aquel año en el que nos conocimos. Aquí. En tu casa. Frente a las tostadas. Mientras se calentaba el aceite con la luz del sol. Por si no lo sabes, así se estropea. Enhorabuena, acabas de empezar el día y ya sabes algo nuevo. Ya has vivido algo, no mucho, bastante, en realidad. ¿Qué tal te encuentras? No te he preguntado... me pongo a hablar... y se me olvida. Disculpa. Sírvete la leche y el café. Y caliéntalo. No me mires así. Ya tendrás tiempo de que se enfríe. Vístete y sal. Pero sal de salir, que luego te confundes y miras el azúcar. Venga. ¿Que te quieres duchar?  Pues dúchate. Venga. Quítate el pijama, coge ropa limpia, déjate cerca de la cortina una toalla. Que veo que se te olvida. Ahora métete en la ducha y échate agua...

Reflexiones: tiempo y atemporalidad

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Tiempo, tiempo... ¿qué es el tiempo? Lo pienso y lo reflexiono intentando buscar una razón a su ser mientras lo pierdo. Pensar en el tiempo es perderlo para siempre sin encontrar lo que buscamos. El tiempo es todo y es nada, es el volar de los pájaros del nido al río, el bucear de los peces por las corrientes, el correr, el andar, el saltar intentando alcanzar lo que no sabemos si existe, lo que es ajeno y lejano a nuestro conocimiento. El tiempo es todo lo que no es nada y es nada de lo que llamamos todo. Nuestra vida se rige por un gran reloj que controla nuestra actividad. Afortunadamente, los seres humanos también disponemos de otros relojes, como el biológico que mide nuestra vida, cada segundo, cada movimiento de sus manecillas indican un pasito más hacia el final de su tarea. El tiempo existe, es cierto, pero somos nosotros quienes nos hemos esclavizado bajo su poder. Él no nos obligó, pero nosotros tenemos la necesidad de controlarnos, de controlarlos a todos; de saber cuán...

La librería, un lugar de ensueño

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No quiero hablar solo de un espacio donde se venden libros, sino de un lugar con una atmósfera discreta y un olor a libro. ¿A quién no le gusta comprarse un libro y pasar rápido las hojas para oler esa melodía de flores?   Afortunadamente, aún podemos disfrutar de las librerías como siempre las hemos conocido. Pero estamos ante un problema, una bajada en la montaña rusa muy profunda, muy vertical y casi sin fondo. ¿Tanto nos cuesta ir a la librería de abajo de casa a comprar los libros de texto o los libros de lectura? Tanto que… recurrimos a grandes superficies como Amazon. Tanto que… tentamos a la balanza. Tanto que… podemos perder.  Librería  Luz y Vida , Burgos He descubierto que el problema es mucho más grande de lo que parece no solo por lo que vemos los humildes clientes en nuestras ciudades, gracias a la lectura y relectura de las dos partes que ya hay publicadas del reportaje de José Ovejero en Zenda, que permiten observar algo más, un probl...

Reflexiones: verdad e intraverdad

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Este blog suele ser de creación literaria, casi como base vital, salvo, eso sí, ese artículo: La mujer en el papel del personaje literario peculiar , muy recomendable.  De nuevo, al igual que aquél, este texto va a ser distinto. ¿De creación? Sí, claro. Cualquier cosa en que uno crea la puede crear. Por ello, esta vez, vamos a inmiscuirnos en algo tan trillado como la verdad y, en algo mucho más profundo como la intraverdad .  La verdad, ¿qué es la verdad? Tenemos a nuestra disposición un inabarcable viaje filosófico sobre esta cuestión. Miles de personas han intentado encontrar un significado a este concepto tan abstracto. Muchos han encontrado definiciones tan teóricamente académicas como literarias. Pero, ¿qué es la verdad? Nunca ningún autor ha estado de acuerdo plenamente con la definición de su compañero de mesa. ¿Dependerá ello de la ideología, creencias o experiencias? Si realmente esto fuera un factor definitorio del concepto, no llegaríamos nunca a un sign...

[Cian]uro

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Qué intrigante es la vida. Tiene secretos, diluvios, sombras, acacias, perfumes, pinos… y muchas más esencias. Es como un gran espacio lleno de enormes variedades de virtudes y de defectos. Es como un zaguán donde se va habitualmente a rescatar recuerdos y donde se ve una vez por cada generación a despreciar grisáceos olvidos. La vida es un tremendo laboratorio. Origen de las sustancias tristes, violáceas; de los pigmeos dolorosos y lacrimógenos; de los ungüentos que se utilizan para rebajar las pasiones; de los venenos que se crean para creer en lo que no existe. Hay muchos tipos de sustancias tenebrosas. Desde el mortal azufre que colorea el sol, hasta un [cian]uro destructivo que te deja endemoniado, oscurecido por las cascadas torrenciales que por el abismo de tus labios resbalan hacia tu infinito corazón de terciopelo.

Historia de otra escalera

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Me he puesto a escribir esta mañana y, releyendo a Buero Vallejo, me he dado cuenta de la injusticia que existe, gracias a él, con el colectivo de peldaños oblicuos que tanto necesitamos para nuestra existencia de altura. Puesto a escribir algo sobre ello y a no hacer un manifiesto de quejas ni una enciclopedia para recogerlas, he decidido, desde la observación de múltiples escalones desde la escuadra de mi ventana, hacer una historia; otra, mas bien. ¿Por que las escaleras deben dejarse llevar por un solo relato en torno a solo una de ellas? ¿Es que no hay diferentes? ¡Claro que sí! Hay escaleras de colores, con más o menos peldaños, con sonrisas distintas e incluso que lloran y ríen cuando, a bien o mal, se utilizan o se desgastan por las malas gentes que no saben reconocerlas como seres personificados. Ahora me dirán que no, que a ver por qué vamos a personificar a una escalera. Y es verdad. A ver por qué. Todo lo tenemos que ver desde nuestro punto de vista. Siempre todo gira e...

Espacios de colores

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Entorpecidos ojos, hiel en las miradas más profundas de miel y sosiego. Un zafiro translúcido es cada uno de tus focos visibles, e invisibles. Con ellos no miras, observas. Ves en cada una de las redondeadas esquinas un vértice, un entramado plástico, extracto de grises tumultos de viento, de claro hielo esmeralda, sin vida. Tus dedos, yemas carentes de color, yemas sepia que intentas esconder entre las noches grises, entre los pálpitos de tu corazón, a veces negros, a veces blancos, tonalidades infinitas como los carretes de tu canon. Espejo es tu alma, nimia, envuelta de sentimientos de mora con una lazo pintado de la pasión nocturna que exprime tu mente al hacerse un zumo de naranja.  Sí, naranja es tu bolso. Con él sales casa, coges la vía verde y desciendes por el embudo yerto de losas y baldosas de extremada grandeza que recorren las sienes de tu ciudad, de todas las que envuelven el mundo de reflejos dispares de gafas de sol. El cielo siempre tiene el mismo color, p...

Velocidad

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De nuevo comenzaba el vuelo. Las abejas iluminaban con sus zumbidos, a ritmo de orquesta, el interminable auditorio natural. Pétalos y hojas las animaban y acompañaban en su intenso y veloz volar. Se dirigían raudas hacia los bosques, hacia las vías de esmeraldas conciencias regadas de polen. Las abejas solo buscaban sus flores. Cada una la suya, cada hedor exclamado en intimidad resonante, aromas de lirio y libios colores que, como discotecas, bailaban al ritmo del sol y la luna.  Resonaban los aullidos eternos y desdoblados, discontinuos enlaces de las alas de los insectos. Componían melodías armónicas sin armónicas entradas, entre salidas de hierbas y fieles colores de deslices cromados. Un concierto de alas que al aire tronaban los movimientos de fuerza, de precisión y  destreza ante innumerables instrumentos que ensordecían al viento. Las alas de la vida en rectilíneos contratiempos, con silencios y corcheas entre las arpas de los estambres. La velocidad, inhuman...

Extraño

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Ojalá pudiera pasear por sus límites de fuego.  Ojalá supiera volar hasta verme en el cielo.  Ojalá tuviera fuerza para renacer, para ser parte de ello. Ojalá no fuera un extraño, ojalá no fuera de hielo.  Me gustaría tanto pasear por el horizonte, por el fino trazo delineado en cálidos temblores por debajo del  iris. Ojalá tuviera en mi mano el deber de subrayar sus infinitas pestañas, terminadas en puntas, en puntas resplandecientes de estrellas de colores.  El iris cambia de color con la cercanía de la luna. Me gusta tanto su rostro, la tez galáctica del cielo, de la princesa del mar de luceros extraños.  Aquí en la tierra no hay más que mares y charcos con fronteras a sus deseos.  No existe la eternidad de vuelos ni de sueños.  No existe la vida más allá del fin de los huesos.  No existe la esperanza detrás de tantos esqueletos.  Me gusta la tierra porque es lo que piso, la seguridad del animalillo con ...

[Proyecto de vanguardia] - Aristas curvilíneas

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Eterno haz de luceros sin fondo. En llamarada de flores oblicuas te has perdido y no sabes buscarte. Será porque las luminealidades del mundo no te predicen el único prefijo que a ti te procede. O bien será porque no hay nubes ni cielo ni esteradas estrelladas contra abismos de estratos extraños, de girasoles volteados, que miran, que sin más ni menos rompen la vida, acristalan la muerte y, frente a sus ojos, matices de olas, matices de ungüentos de prismas carismáticos. Nebuloides exagerados, hiperbólicas esferas se deshacen en tu contra. No eres nada; ni visceral ni obvio. Ni en la inopia haces de ti un ser estratosférico. La tierra te aborrece porque te haces como iluminación exeterna de las vidas de los inconscientes. Porque, aunque tú ni lo sepas ni lo veas, nada en ti merece la pena existir. En agrios espamteros agujereados y negros de las miradas resquebrajadas de voces etéreas, de lápices oníricos, de óbices exuberantes. Un rayo tan fininervioso compone tu fina hiel de l...