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Vuelos y marcas

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A priori  no sé qué le puede venir a la cabeza al lector de esta publicación con el título elegido: Vuelos y marcas . Al releerlo hasta tres veces me han venido a la mente incluso alusiones a la muerte y al dolor. Pero nada tiene que ver con eso.  Estaba caminando esta mañana, entre compra y compra, intentando ser lo más consciente posible de lo que hacía en cada momento y evitando pensar en otras cosas, cuando he visto una paloma pasear por el empedrado de la Plaza de la Libertad. En un momento dado, ha echado a volar muy cerca de mí. Tanto, que incluso me ha revoloteado el pelo el aire que han producido sus alas. Entonces he pensado en cómo es posible que tengan esas aves tan poco conocimiento de la distancia y del espacio con otros seres. A continuación, he caído en la cuenta de un hecho: lo similares que somos a las palomas. No como seres inteligentes ni nada de eso, sino como seres vivos que vivimos en un mismo lugar y que nos alimentamos de lo mismo: oxígeno, plantas, an...

Anécdota literaria

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Hace unos días acudí a una librería porque quería comprar un libro de una artista a la que sigo muy de cerca en las redes sociales. El libro trata sobre la naturaleza y la reconexión de cada ser humano con el mundo en el que vive ya que, al igual que los demás animales, compartimos el mismo espacio natural y los recursos que necesitamos para sobrevivir provienen de un mismo lugar. Sin embargo, las necesidades y la vida que el ser humano ha ido creando a lo largo de los siglos es cada vez más compleja y se presenta muy alejada del concepto de nuestro origen. Nuestro entramado social es demasiado estresante, complejo, individual y ambicioso. Miramos hacia el futuro olvidando lo que nuestros antepasados hacían y lo que realmente veneraban: la naturaleza, que es la que nos da todo y a la que pertenecemos, aunque en la actualidad parece que es ella la que existe para nosotros poder explotarla y hacerla nuestra.  Pero, como decía, fui a la librería porque en internet, en la plataforma on...

Encuentro en el arco

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En el arco habíamos quedado. Y en el arco nos encontramos. Sin embargo, el camino hasta allí, de apenas un kilómetro, se hizo casi épico. Con la música a todas partes, cascos de cable y andares rápidos, se tornaba el camino empedrado una suerte de nueva conquista.  En un momento dado comenzó a sonar una canción feérica, de las que más me gustan. Eluveitie llevaba mi mente a otros mundos entre runas, luceros y hechizos. Según andaba por las calles medievales de Burgos, mi mente se dejó llevar por la música.  Cabalgaba sobre los cascos del caballo blanco portando un báculo de luz y sorteando los peñascos de la enorme montaña. El corazón se agitaba con la impetuosidad de la elfa y se agitaba el cabello con la prisa del mago que llega tarde a su cita. La oscuridad se cierne sobre los valles, cuya marea negra siega los campos y los límites de la ciudad de piedra. Vidas atormentadas por la batalla con la valentía latente, que calienta sus corazones ante la perspectiva de superar al ...

Hasta el fondo del alma

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Recuerdos.  Verano. Novedad. Un momento feliz. Una historia feliz. Con altibajos. Con sueños enredados. Un día bien. Otro mal. Mejor que otros anteriores. Miradas nuevas, curiosas. Cuchicheos dulces y agudos. Sonrisas. Saludos inesperados. Convergencias. Simetrías. Sinergias. Miradas alegres. Nueve meses de misterios insondables, de bobas conversaciones, de alegrías imprevistas, de vino y de hielo chispeante, de nuevos conocidos, de imprevisibles paisajes que se dejan apreciar por la fealdad de sus límites. Gente decente. Gente de bien. Gente buena. Gente loca. Gente mala. Gente que espía la felicidad ajena, se jacta de ella y planifica para demolerla.  Otoño. Violencia. Risas malvadas. Fantasmas entre la niebla. Amenazas en la carretera. Preguntas retóricas. Impotencia. Lágrimas. Tristeza. Dolor. Fuerza que se desvanece. Fuerza que perece. Miedo que aparece. Huida. Desaparición.  Invierno. Reacciones pasajeras. Cuidado. Prudencia. Ánimo apagado. Desconfianza. Miradas a t...

Idílico

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El paisaje se puede tornar gris a mitad del día, pero las esperanzas fluyen, insensatas e ilusas como solo son ellas, como caracteriza a la elegante y eterna esperanza. Siempre lo mismo, año tras año, las ilusiones se encuentran felices y se entrelazan unas con otras; las amapolas se dan la vuelta para observar el leve murmullo sonoro de las risas y los abrazos. Seres que se mueven y que sueñan despiertos un sueño incandescente, anual y alegre. Pero no son ellos los protagonistas ni sus sueños ni sus esperanzas ni sus ilusiones ni las amapolas que los miran sobrecogidas, ante la inmensa felicidad que expresan ni son las nubes, cada vez más grises y cómodas sobre un sofá de vapor de agua. Los grandes protagonistas de la jornada son los enormes enebros que acogen bajo sus sombras y protegen de aquellos seres naturales que viven su actividad en la libertad del viento, a los pueblos de la zona: a todos los habitantes de un pueblo y de las ramas familiares que lo protegen y le dan vida; a a...

Anochece... y Primavera

Anochece Anochece; las estrellas lucen; ella las observa desde su ventana, juega con la luz de la luna, con su reflejo en el espejo de su mesilla. La noche la consuela de su amor olvidado. Ella piensa en lo que pudo suceder, en lo que pudo soñar. Ni una sola nube: cielo negro, despejado y mudo. Ella va al tejado; recuerda otro cielo estrellado iluminado por su sonrisa, cuando aún era feliz; lo recuerda por última vez, antes de olvidarlo para siempre. Primavera ausente   Aquí me encuentro tumbada en la cama. Ásperas y terrosas paredes alrededor me observan mudas. ¿Dónde estoy, que hace frío?, ¿por qué estoy en una habitación estrecha y de madera? A mi lado hay una flor grisácea por el tiempo, que me permite tocarla y mirarla y llenar mis ojos de ternura, creerme primavera. Sin embargo me ha dicho que me acerque a olerla, lo he hecho y huele a muerte.

La equidistancia del rojo y el negro

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Cualquiera diría que el mundo está repleto de límites y que todos son ciertos, pero también inciertos y propios, pero también ajenos. Ambas afirmaciones son veraces, pero también están repletas de falacias, puesto que ninguno conoce límites ni hace referencia a ellos.  Sin embargo, para que existan los límites, debe haber irremediablemente puntos que los separen y a la vez unan en el tiempo y en el espacio. Es lo que ocurre entre todos los objetos presentes e irracionales; incluso entre los tiempos y en cada punto inserto en ellos. Igualmente, existen distancias huecas y oblicuas entre cada punto, segmento y vértice de los bordes de los pétalos, entre las pestañas, entre las patas de las arañas, o entre las finas hebras de sus telas. Es un fenómeno existente entre todas las cosas y no cosas del mundo y de los demás.  Y también notamos cierta equidistancia plana, vertical y en caída libre entre los colores, los números, los relieves, los volúmenes y los sentimientos. Pero la ma...

Primavera y Tiempo

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Ya hemos pasado el bello puente entre los últimos días de marzo y el primero de abril. Llegamos a la primavera con ilusiones renovadas, abrazos, besos, corazones ardiendo al viento, al viento helado de los primeros días que abril ha dejado en nuestra ciudad de Burgos, donde despertarse y mirar por la ventana supone una ondulación de las cejas, una apertura excelsa de las pestañas y el engrandecer de los iris, estupefactos por la fina capa de nieve que nos deja un cielo ya preparado para reflejar el ardor del sol en las flores eternas que dibujan y colorean los atardeceres cálidos, y modifican el movimiento y la actividad de los innumerables insectos que se disponen a emprender la tarea de la polinización, una vez más, un año más.  La primavera entra por las rejillas de las persianas con rayos de luz, fuertes haces rectos de impresiones absolutas, que proporcionan sonrisas, saltos, risas; y que nos  acercan al verano y a sus calores y a las aguas de los mares y a las sombrillas...

Micrebris

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Mors. Somnia. Exitium. La dulce desolación de la vida. La ira hecha trizas por una lágrima violenta.  La luna, extraña luz en una mina de sangre y fuego.  El cielo partido con colores agrios y sombras tenebrosas. Exitium.  Somnia.  Mors. 

Microlores

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Azucenas e iris.                                                                 Margaritas y lazos.  Rosas y moradas. Girasoles y peonzas.  Violetas y estrellas. Tulipanes y  brumas. Orquídeas y brisas.  Acigüembres y lunas. Lirios y perlas.  Dalias de (c)olores.

Microcalma

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En calma.  En armonía. Blanco. Verde. Azul  claro. Terciopelo. Grisáceo. Rosa palo. Miradas solitarias. Visiones del horizonte. Párpados cerrados. Pestañas al  viento. Iris  dormidos. Claro azul. Verde. Blanco. En armonía. En calma. 

Microlux

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La luz se hizo una y desenterró el mar cuando abrió las grietas solares destruyendo la capa superficial de oscuridad, de sol, de lóbregas lunas, como luceros, en los recovecos de una cascada oceánica. 

Micropunctal

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 .      .      .      .      .      .      .      .      .      .       Se suceden inexactos,  rectos, octogonales, paralelos, reales, incompletos, exactos, .      .      .      .      .      .      .       Ajenos a sí mismos.  Son.  Y serán.  Los vértices del mundo.  Del  poliedro. Que recubren.  Que limitan.  Que protegen.  Que invaden.  .      .      .      .      .      .      .      .      .      .      .        .      .      .       Son porque siempre...

Microscuridad

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La luna está cerrada como cuando me despertaba en noches de nubes y sombras. La luna sigue cerrada por la luz del sol por el día y durante los eternos amaneceres. A  veces se vislumbran sus límites tras el velo superficial y profundo del atardecer, cromas cálidos y fuertes entrelazados de fríos hastíos y esqueléticos luceros nocturnos.  La luna está cerrada bajo las cortinas fantasmales de plata, bajo mis párpados calientes y mi corazón de hielo palpitante. 

Microlineal

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Líneas verdes, naranjas y rosas. Rodean las fronteras de la luz y la luna. Lloran de alegría los soles encendidos, que inundan los sabrosos prados de colores amarillos y blancos pétalos de frambuesa. Las líneas se vuelven moradas, azules y grises al caer el atardecer, y después de él, la noche. Vivas imágenes oscuras de sombras de grillos y sonidos burbujeantes de la tierra, el mar y el cielo. 

Microsistemas

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Brisas monótonas incandescentes sobre la morada de las hojas del viento entre las lágrimas azules de las estrellas tentaculeantes de los fondos marinos coraloideales repletos de ramajes floridos y rostros purpúreos. Cielo y tierra verdeidales clarificando de efemérides grisogirosales acordonadas entre lazos moribundos en las escenas eterniles con alegres dimensiones y exactas rectitudinales monoverticales en lados microanchales, larguideantes y profundizales. 

Microsuspiro

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Solo por la flor de la vida, solo por ella yo huelo, solo por ella yo canto a mi alma colorada. Quiero verla volar, quiero sentirla en mi cuerpo, quiero que seamos una, como ella forma con sus bellos pétalos. Quiero que mi corazón la guarde, que mis sentidos la toquen: volver a sentir la alegría en los renglones de su tallo magenta. Quiero volver a tocarla, volver a mirarla, dejar esa margarita sobre la superficie del agua. 

Microéxtasis

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Se alejan las alas livianas del viento.  Las veo lejos, pero cerca de mi alma ennieblada. Las veo porque la neblina me deja, pero su velo ya cae sobre mi corazón de hielo y escarcha. 

Microbelleza

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Sincero río de esperanza, como aleteo gracioso de ilusión que acongoja la ternura de terciopelo de unas alas de girasol de luna. Etéreos son los mantos de peces que cromatizan con sus colores los brillantes vértices del alma. 

Aciago

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Azules, grises y verdes se ven las líneas del viento. Acarician con su velo el eterno cristal gélido de la roca.  El paisaje está tranquilo y su plaza, solitaria. Ausencias extrañas que llenan todo lo vivo y pesado; ausencias ajenas que lloran todo lo muerto y ligero.  El horizonte se cubre de un trasparente telón de hiedra, reflejada entre la naturaleza del cielo. Flores como manto de lino y terciopelo. Alisan los obstáculos de las nubes y facilitan el roce de las estrellas en las sonoras olas de sus caracolas.  El murmullo de marfil enfría los párpados, pero calienta el iris que descansa en la oscuridad de un tierno abrazo pasajero.  El efímero valle de rocío frío se envuelve en la niebla eterna y solo deja ver siluetas blancas, como muebles tapados en una casa abandonada.  Azules, grises y verdes se ven las líneas del viento, aciago ser de calma y silencio.