Entradas

Como dos hojas de sal

Imagen
Estás, te veo. O no estás, cuando la oscuridad me ciega. Estás siempre, dentro de mí, cuando a ti te pienso. Estás en el frío y en el calor. Estás cuando te disfruto, en la arena, mirando hacia el infinito, hacia las rocas del horizonte, hacia el acantilado nublado. Estás en un ramillete de hojas de hojas que oyen, sienten y padecen, de hojas rodeadas de flores incandescentes que miran tu presencia, que observan tu vida como si ellas ya no estuviesen. Estás en la vida, en mi vida. Estás en tu vida, sin necesidad de mí. Estás porque alguien, alguien te dejo estar. Estás porque sí, porque algo habrás de hacer. Nadie está por estar, salvo que no quiera estar. Si estás, quizá... es porque conmigo quieras estar. No, a veces no estás. A veces... A veces eres un sueño, un mundo distinto, una dimensión paralela, un vis a vis, un flashback, un momento, una hora, una estrella, un avión de papel, un silbido, una extrañeza, una figura, un retrato, una silueta, un enem...

Ritmo Sostenido

Imagen
En esta entrada y en la siguiente, se publicarán los textos que he creado para la página web literaria Ritmo Sostenido que será eliminada próximamente. Así, los textos perdurarán en este blog.  Como escribí ocho textos relacionados con colores, cuatro serán publicados en esta misma entrada y, los otros cuatro, en otra distinta.  Rojiámbar ¿Nunca te has parado a pensar en cómo es el amanecer? En cómo se colorea el cielo cuando las nubes dejan pasar solo ráfagas de la estrella que las observa. Sí, esos pilares horizontales de mármol espumoso que se colorean de sol, ofreciéndonos distintos matices de color. A veces absorben ese sangriento matiz -y así lo vemos-: otras veces lo reflejan -y otro color absorbe y observamos-. La pintura cambia en ellas, y en nuestro iris. ¿Por qué tantas veces no somos capaces de pararnos a verlo? A disfrutarlo, a estremecernos con su llanto en días oscuros y a saltar de alegría cuando solo el oro se tercia y el cielo, co...

Niebla

Imagen
Niebla, Niebla, a ti te hablo. Tus alas de hiel heladas acarician mi mejilla que, colorada, siente tus arañazos escarlatas.  Niebla querida, blanca y lúgubre; nocturna y pura en la amarga noche. A ti te hablo, Niebla, porque nos ayudas a no ver, sabiendo lo que hay delante. A ti me entrego en esta bella y escarchada hora.  Mis ojos te observan en tu inmensidad de océano grisáceo, mis manos rozan tu cuerpo despacio, disfrutando del roce con tu cintura; mis labios disfrutan de la eternidad de los tuyos.  Ven a mí pequeña gacela, álzate, atraviesa veloz el mundo. Ya estás aquí y en tus brazos me pierdo,  encerrando mi miedo en tu cálido cuello. Me veo mejor oculta. Guárdame en tu sombra para que ningún ojo necio pueda encontrarme. Me hablas de la luz cuando rasga tu mirada en la ciénaga del alba. Me hablas tú. Tú, que eres la luz de mi corazón y el fuego de mi alma. Quiero tu luz, no esa luz del astro que quema el cielo abrasándolo y lamiendo sus he...

Latidos en Nochebuena

Imagen
Aquella noche de invierno me encontré sola, en el salón de mi casa, quieta, hipnotizada por el paso del tiempo, de las horas, de las historias, de los mismos momentos monótonos que año tras año se repiten sin parar. Me senté en el sofá. Observé la tele, apagada. No la iba a encender. Cuando la enciendes es para sentirte acompañada, para reírte, ver algo que te gusta o simplemente mirar lo que no te interesa, para no verlo y dejarlo pasar.  Era Nochebuena, una noche magnífica, familiar, alegre. O eso recordaba yo de aquellos años de felicidad inquieta, de brindis, de jaleo infantil al llegar los postres, de champán, de turrones, de pura fiesta, de sonrisas compartidas, enajenadas de los problemas individuales. Hoy no hay nada. En mi casa solo hay oscuridad y un leve lucero a punto de fundirse en la mesita de noche. En mi casa ya no hay nada, solo recuerdos. Eran las diez de la noche, hora de cenar, supongo. Puse un tenedor, un vaso de agua y un pequeño trozo de pan en la m...

Deseos insustanciales

Imagen
Focos cortaban las calle. Pequeños espejos de rosada luz que emanaban de las intrépidas esquinas de soledad, inundaban las calles de la ciudad extrema. Garabatos con las pupilas extrañadas caminaban deprisa por los tubos que vertebraban cada costado de la City. Personas sin nombre, sin personalidad. Sombras equidistantes que salían a la calle para cumplir su f(x) en la sociedad. Que después volvían a casa para perderse en sueños inexistentes. Monótonas y opacas vidas operativas que funcionaban por un sencillo, pero inigualable sistema de engranajes. Familias enteras que producían más familia, que eran presente para luego ser pasado; y, finalmente, olvido. Personas que no destacaban. En medio de los luceros inhumanos de las calles, letreros gigantes que solo vendían y ofrecían necesidades que vivían bien sin necesidad, individuos que caminaban como ejércitos de hormigas de un lado para otro. En líneas rectas. Siempre ateniéndose a su papel. A su rol. La publicidad daba la luz que e...

Greguería

No grites,                              que no te quiero oír.                              Desaparece.                                                                       Eres un gris                                        y agrio grito                                      grosero.                          ¿Te gustará                         ...

Realidad

Imagen
"¿Qué ves?", me preguntaste. Miré al presente, a la realidad, a la visión que se cernía sobre mí. Le pregunté a mis ojos qué veían; y me respondieron. Con sus palabras en mis labios te respondí: "hay árboles. Son frondosos, de distintas tonalidades. Unos más verdes y otros menos. Algunos, ya con tintes anaranjados, se van tiñendo de rubio. Se mueven al son de la lanzadera del viento. Igual celebran una fiesta". Me interrumpiste. Me volviste a preguntar: "¿Qué ves?" Decidí ser menos imaginativa. Me ceñí a lo que veía como si fuera un examen de pura realidad. "Veo árboles bailando al viento. Se nota que es otoño. Algunos son muy verdes, otros menos y otros más amarillos. Bueno, las hojas -aclaré-, los árboles siempre son mezcla de copa y tronco. -Seguí-, detrás de los árboles hay una montaña. Ahí acaba esa esquina de la ciudad. El cielo está nublado. Enfrente de mí se aprecia un edificio. Diría que un palacio, pues su torre -la que yo observo-, es a...

Recuerdo de aquella tarde

Imagen
¿Sabes? Lo pensaba hace un rato. Es precioso comenzar una relación con alguien. Sientes que formas parte de tu cielo, de todo aquello que soñaste, que cumples el objetivo humano de ser alguien distinto con otro alguien complementario. Pero es una ilusión efímera. Al principio todo es intenso, pasional, desbordante, inquietante, conoces nuevos sigilos y descubres otras maneras de vivir. Pero como toda ilusión, al final, una vez reconocido el terreno, los besos y los ondulantes movimientos, vuelve la monotonía. Por mucho que la ilusión trabaje en mantener a la monotonía en stand by , siempre esta tiene más fuerza para volver a presionar el play . Y cuando ya lo conoces todo, llega el cansancio, llegan las sombras e incluso la desconfianza. Y por último, lo más indeseado, el mayor miedo que tenemos y que tememos: la ausencia del cariño. ¿Qué es esto?, me preguntarás. Esto, querido mío, es lo que tantos años hay que soportar. Lo que muchas parejas llevan viviendo con cierta parsimonia de...

Viaje onírico

Imagen
Y seguí paseando. No sabía a dónde iba, aunque daba lo mismo. En aquel paraíso no había final; ni principio. Solo se oía el maullar de las hojas de los árboles; invisibles para mí; inciertas; inverosímiles entre la oscuridad esmeralda. No había nadie; mejor. Supongo que estaba soñando; me gusta soñar; soñar viva; o muerta. Pero soñar. Supe que era un sueño porque llevaba ese vestido; aquel que vi en aquella tienda; granate, hasta la rodilla, de encaje, coronando el cuello con una cinta; negra; hermosa; plateando mi pelo dorado; mis ojos de cedro. Quizá me acuerde de ese sueño porque lo llevaba puesto. Pero, me hubiera gustado verlo ondeando al viento, el que hacía repiquetear las hojas de los árboles, pero que a mí, a mi cuerpo, no llegaba. Quizá era lento, quizá un aura de savia se lo impedía. Quién sabe.  Los árboles eran grandes muros de mundo. Nadie podría cortarlos. Nadie debe. Porque... si alguien mata a la naturaleza, ¿qué nos quedará? Nadie merece más vida que un árb...

Sombras

Imagen
¿Eres tú? ¿Yo? No, no soy yo. Era. Cuando veía a quienes me hablaban. Ahora ya no veo. Aunque prefiero no ver. No quiero ver. Pero soy ciego. Y eso no lo puedo elegir. Aunque tampoco me gustaría ver. ¿Ver? Para qué. ¿Para verte a ti? ¿Qué eres? ¿Eres algo? ¿Te crees alguien? ¿Mejor que yo? Quizá. Yo tampoco soy nadie. Ni lo seré. O sí. Porque soy ciego. Tú ves. O eso dices. Pero en realidad no ves. Eres otro que dice que quiere sublevarse contra el mundo. Para que te vean. Y se fijen en ti. ¿Y qué? ¿Y qué vas a conseguir con eso? ¿Ver? No. La vista no ve la vida que vosotros veis. La vista ve lo que yo veo. La realidad. Y me miras con el rabillo del ojo. Y te ríes. Y te crees mejor que yo porque soy ciego. Según tú, no puedo hablar de la vida. Porque no la veo. ¿Y tú sí? No. Tú ves la normalidad. Tú ves a gente anónima buscando que los vean. Yo veo la verdad. Porque la verdad no se ve con los ojos. La verdad se ve con el conocimiento, con la sabiduría. Te me quedas mirando. ...