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Invierno

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La luz se filtra tenue y dulce entre las persianas. El frío exterior nubla de calidez mis pensamientos, que se ahogan en las aguas termales de las estrellas cristalinas de nieve. El paisaje es blanco. Yo no lo veo, pero las paredes de mi habitación amanecen con un tono de marfil puro, recuerdo presente instantáneo de los pasados y futuros de azabache.  Escucho. No se oye nada. Sigo escuchando. Mantengo mi respiración en una blanca a mitad de un pentagrama suspendido en el aire. Sí oigo. Quizá no es más que el ruido del silencio. O quizá es el callar del sonido.  Me levanto. Abro la persiana y después la ventana. Entra una brisa helada, que calienta mi cuerpo. Las cortinas envuelven mis brazos y acarician mi pelo junto al viento tranquilo que acude a mí desde el exterior. Me siento feliz al vislumbrar mis iris grisáceos reflejando la imagen que se presenta ante mí.  Lo vuelvo a oír. De nuevo ese ruido entre la calma. No veo nada, sin embargo. Espera, sí. Ahí, cerca del árb...

Sueños

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Cabalgar a lomos de un corcel por un río sin límites, donde los peces son de color arcoíris y sus aletas transparentes, más grandes que su cuerpo, cabeza y existencia. Un chorro de agua inmensa que atraviesa las miradas monocromáticas, dibujando en ellas retazos de recuerdos sin número. Onduladas ramas de espuma que vienen y van en blancos, grises, azules, rojos y verdes, colores que se transforman en aquellos que componen su familia o incluso en contrarios. Es un río lo que veo, es agua lo que corre en él, pero ambos construyen un espejo en el que se reflejan los cabellos del cielo y las trenzas de mi pelo al aire y al viento salvaje.  Bosques increíbles repletos de animales y seres conocidos e inverosímiles. Describen extrañas visiones, extravagantes acontecimientos entre la luna y el sol, sobre las crines de las estrellas, que iluminan el horizonte y reflejan en sus pétalos la luz del fondo del río. Encienden los luceros que se esconden bajo el mar y apagan los miedos y las supe...

Desconexión

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Caen.  Se descuelga el agua del cielo. Caen.  Se derraman sobre la tierra.  Caen.  Deambulan por el aire.  Caen.  Humedecen los vientos.  Caen.  Riegan la naturaleza.  Caen.  Barnizan el mundo.  Caen.  Mojan las ilusiones.  Caen.  Adormecen los sentidos.  Caen.  Estremecen las hojas y los tallos.  Caen.  Despiertan el color de los pétalos.  Caen.  Pintan de gris los lagos.  Caen.  Se fusionan con los mares.  Caen.  Dulcifican las sales.  Caen.  Alegran el tiempo.  Caen.  Desconectan las mentes.  Caen.  Armonizan los pensamientos.  Caen.  Alejan las preocupaciones.  Caen.  Relajan el tiempo.  Caen.  ... Caen.

Tu hechizo

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Ilusiones y emociones se van contigo.  Plácidos momentos de luz y vida.  Reflejos de cristal veo entre tus ojos y mi alma.  Corazones rojos, blancos y rosáceos envuelven mi cariño como  rosas felices sin espinas.  Entre las hadas y el viento  amanecen los susurros de las nubes, esparciendo estrellas por los oscuros recovecos del silencio.  Ni blancos ni grises ni negros impulsos en el atardecer de tus ojos. Ninguno de ellos volarán hacia el infinito como lo hacen mis párpados al recordar las innumerables mañanas que pasaron y que quedan en el futuro, en las que ambos nos despertaremos entrelazando sonrisas y sueños. Juntos y nada más que unidos por nuestras almas y emociones, perviviremos entre los círculos del poder de los cielos y el increíble poder de la tierra.  La naturaleza nos bendice renaciendo de cada rincón de los lagos, despertada por el poder y la fuerza de tu hechizo.  El mar se eleva surgen de él las alas, de los instantes ...

Viento

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El viento zarandea sus cabellos ondulados, ajenos al resto de su cuerpo. Son azulados en el reflejo de los mares, de marfil al cristalizarse en los cielos y finamente rubios al girarse entre el juego y las risas. Una melena larga comprendida por fuertes hilos de vida y de alegría, de poderosa juventud y de perfecta armonía.  El viento acaricia sus labios, de tonalidades varias según el iris de los ojos que observen y de las luces mágicas. Rosados en su joven apariencia a mediodía, rosáceos claros al amanecer, junto a la claridad de los sueños que aún perduran; de un granate casi violeta al anochecer, al acostarse el sol sobre los infinitos muros entre el cielo y la tierra, momento en el que la luna, bella dama de plateados filos esquivos atrae miradas, desconciertos, consuelos y martirios. Pero a esos labios los ama y los seduce durante horas y horas en la infinidad desnuda de la oscuridad de plata.  El viento adora a esos ojos que solo miran al final de los tiempos, iris astu...

Hielo sobre escarcha

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Las mañanas frías. Las tardes blancas. Las noches oscuras,  sobre la sombra del día amanecen de escarcha, de hielo y locura. Las mañanas claras, alegran con versos, las flores heladas del bello cerezo. Las tardes blanquean  con sus extraños veleros los mares inciertos de espumosos deseos. Las noches se ciernen, felices perecen sobre la luz que amenaza en el horizonte del alba. Las mañanas ya llegan con ejércitos de colores y ardorosos pasean estrellas, nubes y soles.  Las tardes alejan con sus nubarrones la calma, y con la lluvia alivian las preocupaciones del alma. Las noches ya vuelven como sombras violáceas y sobre la vida envuelven la muerte rosácea.

Una Mattina

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Mirar hacia el mar, hacia un infinito sin nombre y sin fondo. Descansar los ojos en un horizonte pintado con la regla del sol y las ramas de un oleaje que se cierne invisible sobre la tranquilidad del alma.  Una brisa cristalina que nubla y cae repleta de agua en polvo sobre mis párpados, ahora cerrados, en calma con el mar, en calma con la arena que me sirve de lecho en un paisaje de fotografía. Lunas y soles dibujan en el cielo pinturas esféricas de sueños bañados en la espuma de mis ojos.  A un lado y a otro, grandes hojas de múltiples verdes cromáticos pueblan de colores exóticos los pálpitos de un corazón extraño, lleno de color, viento y pausa.  Estoy suspendida en la nada de un sueño, en la realidad concisa del planeta que me vio nacer. Soy una imagen, un cuadro, un instante en una vida que pasará, que es, pero que no será cuando deje de ser.  Sigo sintiendo y viendo con mis ojos cerrados y oscuros esa línea que corta el mar para hacerlo cielo y que limita el ...

Hadas

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    Las alas de una y otra se superponen en trenzas transparentes de purpurinas coloridas y resplandores cristalinos. Alas grandes de distintas formas que aletean alegres y rápidas sobre los paisajes naturales y los espejos de agua. Pintan con ellas la alegría del ser de los cielos y de los bríos del aire, que permanecen atentos y sorprendidos por tan libres movimientos de esos pequeños cuerpos que flotan como luceros del alba.      Sus cabellos estremecen los corazones de cuantos las ven. Parecen de princesas de otros tiempos, con diamantes y pequeñas piedras preciosas por su valor y su belleza. Cabellos de colorines que caen inciertos sobre sus hombros o que vuelan de un lado a otro como cuando ellas saltan de flor en flor y de rocío en rocío.      Cuerpos diminutos tejidos de dulces y flagrantes vestidos cromáticos. Esencias de olores y de pétalos. Reflejo del tiempo de las flores silvestres y de los animales que se topan con ellas, a las que s...

Tempus memoriae

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Seguía leyendo. La historia estaba bien, aunque hacía ya tiempo que me había dejado de interesar su lectura. Quizá fuera porque la trama era de otro tiempo, mucho más moderno, o quizá porque no me gustan las novelas realistas, quién sabe. Levanté la vista del libro y lo cerré, aun sabiendo que el marcapáginas estaba encima de la mesa y no recordaba el número de página. No me importó. La luz que entraba por la ventana era de un color turbio y agrio. El cielo estaba encapotado y se esperaba lluvia. Mientras miraba hacia la enorme ventana que surcaba el ángulo sur del salón, seguía taconeando suavemente en el suelo. Si no lo hacía, caería el silencio, con lo que ello implicaba. Esa casa era sobrecogedora día y noche. Normalmente, a la gente le suelen dar miedo los ruidos extraños que se hacen plausibles en una vieja casa romántica del siglo XVIII. De madera demasiado vieja, de paredes resquebrajadas por las lágrimas y el tiempo que ha ido pasando inexpugnable, a pesa...

El olor a mar

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El olor a mar era lo que fue y nunca volverá a ser.  El olor a mar era distinto cuando hay diferente altura entre el pasado y el presente. En el pasado las piernas corrían y corrían por aquella explanada paralela al mar, se volvían nerviosas y alegres hacia atrás con el fin de ver las caras felices de sus familiares, que siempre seguían su propio ritmo por detrás de los pies de la niña.  El olor a mar era distinto cuando los placeres también lo eran, cuando la felicidad venía de una comida, de un favor, de un juguete o de un simple paseo corriendo por la calle e intentando asombrar y sorprender a esos padres o abuelos que te acompañaban en tu alegre e ínfimo capricho. El olor a mar era distinto cuando la inocencia primaba sobre los gestos y las palabras, cuando solo querías salir a la calle a inspirar profundamente la sal picante que inundaba el aire.  El olor a mar era distinto cuando eras tú la protagonista de ese baño en la playa, cuando todos te hacían caso y el mar t...