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Deseos insustanciales

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Focos cortaban las calle. Pequeños espejos de rosada luz que emanaban de las intrépidas esquinas de soledad, inundaban las calles de la ciudad extrema. Garabatos con las pupilas extrañadas caminaban deprisa por los tubos que vertebraban cada costado de la City. Personas sin nombre, sin personalidad. Sombras equidistantes que salían a la calle para cumplir su f(x) en la sociedad. Que después volvían a casa para perderse en sueños inexistentes. Monótonas y opacas vidas operativas que funcionaban por un sencillo, pero inigualable sistema de engranajes. Familias enteras que producían más familia, que eran presente para luego ser pasado; y, finalmente, olvido. Personas que no destacaban. En medio de los luceros inhumanos de las calles, letreros gigantes que solo vendían y ofrecían necesidades que vivían bien sin necesidad, individuos que caminaban como ejércitos de hormigas de un lado para otro. En líneas rectas. Siempre ateniéndose a su papel. A su rol. La publicidad daba la luz que e...

Greguería

No grites,                              que no te quiero oír.                              Desaparece.                                                                       Eres un gris                                        y agrio grito                                      grosero.                          ¿Te gustará                         ...

Realidad

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"¿Qué ves?", me preguntaste. Miré al presente, a la realidad, a la visión que se cernía sobre mí. Le pregunté a mis ojos qué veían; y me respondieron. Con sus palabras en mis labios te respondí: "hay árboles. Son frondosos, de distintas tonalidades. Unos más verdes y otros menos. Algunos, ya con tintes anaranjados, se van tiñendo de rubio. Se mueven al son de la lanzadera del viento. Igual celebran una fiesta". Me interrumpiste. Me volviste a preguntar: "¿Qué ves?" Decidí ser menos imaginativa. Me ceñí a lo que veía como si fuera un examen de pura realidad. "Veo árboles bailando al viento. Se nota que es otoño. Algunos son muy verdes, otros menos y otros más amarillos. Bueno, las hojas -aclaré-, los árboles siempre son mezcla de copa y tronco. -Seguí-, detrás de los árboles hay una montaña. Ahí acaba esa esquina de la ciudad. El cielo está nublado. Enfrente de mí se aprecia un edificio. Diría que un palacio, pues su torre -la que yo observo-, es a...

Recuerdo de aquella tarde

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¿Sabes? Lo pensaba hace un rato. Es precioso comenzar una relación con alguien. Sientes que formas parte de tu cielo, de todo aquello que soñaste, que cumples el objetivo humano de ser alguien distinto con otro alguien complementario. Pero es una ilusión efímera. Al principio todo es intenso, pasional, desbordante, inquietante, conoces nuevos sigilos y descubres otras maneras de vivir. Pero como toda ilusión, al final, una vez reconocido el terreno, los besos y los ondulantes movimientos, vuelve la monotonía. Por mucho que la ilusión trabaje en mantener a la monotonía en stand by , siempre esta tiene más fuerza para volver a presionar el play . Y cuando ya lo conoces todo, llega el cansancio, llegan las sombras e incluso la desconfianza. Y por último, lo más indeseado, el mayor miedo que tenemos y que tememos: la ausencia del cariño. ¿Qué es esto?, me preguntarás. Esto, querido mío, es lo que tantos años hay que soportar. Lo que muchas parejas llevan viviendo con cierta parsimonia de...

Viaje onírico

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Y seguí paseando. No sabía a dónde iba, aunque daba lo mismo. En aquel paraíso no había final; ni principio. Solo se oía el maullar de las hojas de los árboles; invisibles para mí; inciertas; inverosímiles entre la oscuridad esmeralda. No había nadie; mejor. Supongo que estaba soñando; me gusta soñar; soñar viva; o muerta. Pero soñar. Supe que era un sueño porque llevaba ese vestido; aquel que vi en aquella tienda; granate, hasta la rodilla, de encaje, coronando el cuello con una cinta; negra; hermosa; plateando mi pelo dorado; mis ojos de cedro. Quizá me acuerde de ese sueño porque lo llevaba puesto. Pero, me hubiera gustado verlo ondeando al viento, el que hacía repiquetear las hojas de los árboles, pero que a mí, a mi cuerpo, no llegaba. Quizá era lento, quizá un aura de savia se lo impedía. Quién sabe.  Los árboles eran grandes muros de mundo. Nadie podría cortarlos. Nadie debe. Porque... si alguien mata a la naturaleza, ¿qué nos quedará? Nadie merece más vida que un árb...

Sombras

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¿Eres tú? ¿Yo? No, no soy yo. Era. Cuando veía a quienes me hablaban. Ahora ya no veo. Aunque prefiero no ver. No quiero ver. Pero soy ciego. Y eso no lo puedo elegir. Aunque tampoco me gustaría ver. ¿Ver? Para qué. ¿Para verte a ti? ¿Qué eres? ¿Eres algo? ¿Te crees alguien? ¿Mejor que yo? Quizá. Yo tampoco soy nadie. Ni lo seré. O sí. Porque soy ciego. Tú ves. O eso dices. Pero en realidad no ves. Eres otro que dice que quiere sublevarse contra el mundo. Para que te vean. Y se fijen en ti. ¿Y qué? ¿Y qué vas a conseguir con eso? ¿Ver? No. La vista no ve la vida que vosotros veis. La vista ve lo que yo veo. La realidad. Y me miras con el rabillo del ojo. Y te ríes. Y te crees mejor que yo porque soy ciego. Según tú, no puedo hablar de la vida. Porque no la veo. ¿Y tú sí? No. Tú ves la normalidad. Tú ves a gente anónima buscando que los vean. Yo veo la verdad. Porque la verdad no se ve con los ojos. La verdad se ve con el conocimiento, con la sabiduría. Te me quedas mirando. ...

Ilusiones sobre las olas

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Las ilusiones vienen y van como las olas. Dependen de nuevas embestidas del viento, de las luces de los rayos del amanecer, de la lujuria plateada de la noche. Cada oleada de nuevas vivencias y experiencias trae nuevas ilusiones que levantan emociones, que hacen surgir sentimientos renovados, cálidos, tristes... El oleaje depende de la fuerza de tu corazón y de la ilusión que sientes por volver a levantarte; todos los días. La alegría por abrir los ojos y mirar a los lados; y ver, viendo el mundo, las lágrimas del aire y los saltos de la tierra. ¿Nunca te has preguntado por qué cada día es diferente al anterior? Quizá porque nadie es igual, porque todos somos diferentes, porque... porque tenemos ilusión de vivir nuevas cosas, primeros y últimos momentos a lo largo del día. Piensa por qué te levantas, por qué al despertar activas tu mente, sonríes ante la nada, sonríes ante el espejo mirándote orgulloso a ti mismo sabiendo que ese día será mejor que el anterior aunque solo sea por ...

Flashbacks programados

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Muchas veces, el día empieza con el pie derecho y se acaba haciendo un esguince. Otros muchos somos nosotros los que, con el pie derecho nos levantamos, pero creemos habernos reflejado en algún espejo porque solo nos habla el izquierdo. Y muchas otras, las menos, pero las mejores y las más queridas, nos levantamos y solo queremos volver a soñar con la única intención de evadirnos del presente, para recordarlo más tarde, aunque con intención de revivir el pasado. Y entonces, salimos a pasear. Una vez en la calle, vamos despacio, observamos las calles, las tiendas, las paredes, sabiendo que ahora vemos una cosa, pero en otro tiempo veíamos otra. Y nos invade la nostalgia. Y el miedo. Ese miedo absurdo que ves, con sombra y sonrisa bajo el sol. Quizá quieres huir, aun sabiendo que ahora es tu mejor compañía. Y hablas para ti sabiendo que te oye. Es tu cómplice. Sigues andando por ese suelo, tantas veces levantado solo para cambiar de color, solo para volverse a levantar contra ...

En la Caja de Pandora

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Es una caja... No. Nada de eso. Es un abismo donde el cielo y el infierno reciben el mismo nombre, donde el espacio es finito e infinito, donde la luz sale de noche y el día es negro como las sombras que en él habitan, donde las almas no luchan por salir, sino que son bellas durmientes en una torre lejana por intentar usar el huso. Hay corazones también, unos afectados por enfermedades del corazón, otros aviejados por el cansancio de no vivir y otros de color zafiro, bombeando aún desde ese universo la sangre azul de los Dioses que no los necesitan.  Pandora también vive allí, tiene su casita, de madera, acogedora entre el gentío de artes y sombras, creadas con acuarelas. Vive en su hogar cuando el romanticismo inunda su corazón sin piedad, cuando quiere cuidarse y salir por su universo a pasear con un vestido de terciopelo esmeralda. Quién le iba a decir a la creadora de una insignificante cajita que iba a poder vivir en ella y que tantos seres podrían cobijarla entre sus p...

Cuando uno lee... siente, ve y teme

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A veces solo se ven renglones rectos, cuadriculados, perpendiculares a los vectores unidireccionales, que mucho antes convirtieron cada página en un retrato en blanco, dispuesto para ser dibujado. Hoy ya no veo eso. Lo miro, sí; pero mientras leo y leo, solo veo figuras acrósticas entre los puntos y trazos entrelazados de música, hilados por el ritmo de la canción, del discurso, de la narración. Esos momentos... unidos... en los que el tiempo pasa, se desplaza y acaba por desdibujarse en el reloj de pared, de pulsera o de las campanas que a lo lejos se oyen. Tic-tac, oyes. Segundos que se vuelven inmensos ante tu despreocupación. Solo importa leer. Nada es tan importante. Ni siquiera la vida. Ni siquiera la vida habitual es una gran experiencia, pudiendo vivir la evasión propia del arte. Ni la familia ni los amigos influyen en tu mente. Leer y solo leer. Leer y sentir cierta sensación de embriaguez que te nutre, que te permite vislumbrar hasta una gota de coñac en el tintero del escri...